POSESIÓN

Estándar

La posesión es uno de los sentimientos más egoístas del ser humano. Parte de la idea de que otra u otras personas que conforman el tejido social de nuestra vida cotidiana es algo nuestro, de nuestro dominio y por lo tanto, no lo valoramos como un sujeto independiente con ideas, sentimientos, valores propios. Esto se puede dar tanto en relaciones amorosas como de amistad, pero me quiero centrar en las de pareja porque es donde más he vivido esta situación.

Este sentimiento de posesión se manifiesta de manera de control. Quiero decir, intentamos controlar la vida de esa persona a la que deseamos poseer. Este acto se puede cometer a distintos niveles, desde niveles aceptables hasta enfermizos.

En los niveles aceptables se trata más bien de saber acerca de la otra persona: si ha hecho planes o si no, donde está o bien con quien. Cuando digo niveles aceptables, me refiero a que sentimos esa curiosidad de saber que es lo que hace esa persona con su vida, pero no por desconfianza, sino por el mero hecho de saber. Cuando sabemos donde está, con quién o que está haciendo, no empezamos a hacernos películas en la cabeza sobre si nos traiciona, si se aleja de nosotros o si de si nos quiere o no. Tampoco se nos viene a la cabeza la idea de ir donde está esa persona con el fin de verificar nuestras sospechas.

Los niveles enfermizos son más concentrados, aquí no intentamos controlarlo, aquí ya estamos acosándolo a distintos niveles. Es como si quisiéramos saber a cada rato que es lo que está haciendo la otra persona. Pongamos por ejemplo que nuestra pareja ha hecho planes. ¿Te imaginas que estés en una reunión con amigos y que tu pareja te esté llamando a cada rato para saber qué tal va la fiesta, con quién estás hablando o si ya te has marchado para casa?

Si seguimos con el acoso, otro ejemplo sería el de saber el nombre de todos tus amigos, que relación tienes con ellos y las cuentas de las redes sociales, el número de móvil o bien la dirección. En caso de que estés con uno de ellos, demos por hecho que el/ella te llama y no le coges o le mandas un mensaje y no le respondes, podría usar estas fuentes de información para saber a cerca de tu paradero y en el peor de los casos irrumpir en él y reprochártelo en cara montando una escena.

Otro caso muy frecuente de acoso, se da en el caso de que tu pareja tenga la “necesidad” de mirar tu móvil, tu correo o las cuentas de las redes sociales. Concluyendo, en vez de que vuestra relación se base en la confianza, tu pareja es más bien como un detective privado que no para de desconfiar de ti aunque no le des razones para hacerlo. Bien podría ser un problema de confianza en ti, o bien podría estar reflejando sus propios problemas o sus propias inseguridades en ti.

En los casos más extremos, nos hallamos frente a una patología, ya que a la mínima suposición de infidelidad, ya somos culpables aún sin serlo. Pero lo peor no es eso, sino que las escenas se convierten en humillaciones, aberraciones, insultos y desprecios. Aunque en este caso ya no estamos hablando de amor, sino de intentar conservar nuestro ego, de mostrar que somos más fuertes, ser superiores.

Una de las bases más importantes de una relación es la confianza. No me refiero solo a la confianza respecto a la fidelidad, sino en cuestiones económicas, personales, íntimas. Estar con alguien que duda de nosotros constantemente es agotador, no solo para el que duda, sino también para el que es cuestionado porque tiene que estar demostrándole a la pareja todo el tiempo que no tiene motivos para desconfiar. Tiene que estar todo el rato dando explicaciones de con quién queda, dónde, cuándo y para qué, de qué hablan, qué han hecho. Tiene que convencerle todo el rato sobre su amor, su cariño, su afecto, su apego… sobre todo. No se me ocurre peor manera de consumir una relación que ésta.

 pajaro-enjaulado

“Cuando aplastas los sentimientos de otra persona, el ego se convierte en soberbia”. I.L.