NEGATIVISMO

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Las emociones son tan contagiosas como cualquier otro virus o enfermedad. El estado emocional personal de una persona puede afectar a la de otra, tanto de manera positiva como de manera negativa. Puesto que la manera positiva no provoca efectos negativos, me centraré en lo malo. ¿Conocéis a personas que tienen cara de malas pulgas? ¿Las qué rara vez tienen buenas noticias que contar? ¿Gente que parece que compite por ser la mayor víctima de sus desgracias? ¿Las qué nunca dan las gracias? De esas hablaremos hoy.

Las personas negativas son por naturaleza quejicas. Se quejan de todo: si no es del tiempo, se quejan de la estación, si no es de la estación, es de la sanidad, sino es de la sanidad, es de la educación, si no es de la educación es de la economía, si no es de la economía se quejan de la política y así sucesivamente. No quiero decir que todas las personas que se quejan sean negativas. Claro que la situación actual está mal. Pero me refiero a que se quejan de cualquier cosa que pueden, por mínima que sea y encima hacen un drama de ello. Si les duele algo, si llueve, si hace calor, si suben los precios, si tienen que esperar en una cola por ejemplo.

Pasividad. Es cierto que se quejan de todo, pero eso no es lo peor. Lo peor es que encima no hacen nada por cambiarlo. En el caso de que suban los precios o si tienen que esperar en una cola no pueden cambiar la situación. Pero por ejemplo, en el caso de que les duela algo pueden tomarse un analgésico, en el caso de que haga calor evitar salir a la calle al mediodía, bajar las persianas de casa y abrir las puertas y las ventanas para crear corriente o poner el aire acondicionado, en el caso de que llueva usar paraguas. Por falta de soluciones no va a ser.

Pesimistas. Al hacer de cualquier circunstancia negativa o desfavorable el fin del mundo, ni si quiera se plantean ver el mundo de otra manera, no se piensan en realizar un cambio de actitud, no se ponen retos y por ende no crecen. Aceptan la vida como les viene, sin ninguna ambición por mejorarlo o por cambiarlo. No tienen grandes aspiraciones. En otras palabras, es gente resignada, gente que no se atreve a soñar.

Tacaños emocionales. Como ellos son incapaces de sentirse felices, de ver las cosas buenas y disfrutarlas, como no son capaces de ponerse retos, de soñar y de crecer y se resignan ante la vida, no pueden o no soportan o no quieren ver que los de su alrededor no sean iguales. Por lo que intentan que su entorno se resigne como ellos, no le ayudan a cambiar para bien. Digamos que en este aspecto son envidiosos.

Malhumorados. Por todo lo citado anteriormente, para ellos dar las gracias, una mirada amable o una agradable sonrisa, a la vez que unas palabras de aliento (no me refiero en funerales) o un poco de amabilidad para con el de al lado suponen todo un reto. En vez de centrarse en aportar algo bueno o positivo, se sumergen en la nube negra que tienen sobre su cabeza. Son incapaces de ver más allá de su malestar.

Puedes intentar sonreír, ser agradable o amable, darles soluciones o mostrarles el lado positivo de las cosas, pero difícilmente cambiarán. No se dan cuenta que con lo mal que están las cosas hoy en día (y aunque no estuvieran mal, todo sea dicho, eso siempre se agradece) a todos nos reconfortan las cosas buenas por muy pequeñas sean. Una sonrisa, un poco de amabilidad, algún halago o algunas palabras agradables, un poco de ayuda, un gesto generoso siempre son bienvenidos.

negativo

“La mejor cura para todo malestar es reirte hsta quedarte sin aliento”. I.L.

 

 

 

 

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