DOMINIO

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Algunas personas creen que la única manera de conseguir cosas de los demás es a través de la manipulación. Aunque la mayoría use la educación, buenos modales, cortesía o una especie de intercambio de favores, no siempre las personas escogen este camino. A veces es difícil saber si alguien nos manipula a su antojo o no, porque algunas personas lo hacen tan sutilmente que resulta ser casi imperceptible. A continuación os daré unas pautas para saber si alguien os está usando para conseguir sus fines:

 Son personas muy egoístas. Ellos piensan que los medios justifican los fines. No entraré en casos extremos, porque entonces me metería en aguas profundas porque es gente que ya va encaminada hacia la delincuencia. Yo me voy a centrar en casos cotidianos. Un ejemplo podría ser que tú quedes con alguien y al final te desplanté o te de largas y después no se disculpe, otro sería la de gente que te pide favores pero después cuando tú necesitas un favor ellos te den la espalda, también el de gente que te pide dinero prestado y no te lo devuelve… en fin, se pueden dar muchos casos.

 Piensan que por ser como son los tienes que tratar como si fuesen especiales. Siempre tienes que estar disponible para ellos, tienes que hacerles favores, tienes que ceder cuando ellos quieren… vamos, que lo que importan son sus necesidades o sus deseos pero los tuyos no importan, o no al menos, tanto como los de ellos/ellas. En el momento que sienten que tú no los tratas como se supone que se lo merecen, entonces es cuando empiezan con la manipulación.

 Lo peor no es eso. Lo peor es que lo hacen de la manera más ruin posible. Ellos saben tus debilidades y ahí es donde te atacan, donde más te duele. Tus debilidades pueden ser tu timidez, tu pudor, tus inseguridades, falta de confianza, complejo de inferioridad o cualquier miedo o reto que te suponga un gran esfuerzo. Así es como ellos intentan darte una lección, dejándote en circunstancias que te suponen una desventaja en que necesites de su ayuda o un empujoncito suyo. Intentan que tú dependas de ellos, en vez de hacer que crezcas.

 Otra de las maneras en que intentan mostrar su poder es a través del chantaje emocional. La formulación de la frase sería algo así:

-¿…? (Te preguntan si deseas hacer el plan que ellos habían previsto, si les puedes hacer un favor o si tú pensabas hacer algo en concreto).

– Pues si tú no… yo no…

Sería una condición negativa, o bien puede ser positiva:

-Si tú… yo…

El fin último es que tú hagas algo que ellos quieren que tú hagas, pero el requisito es que primero cumplas tú con tu parte, luego si él/ella no lo cumple es otra cuestión.

 A veces incluso pueden intentar competir contigo, aunque desconozco el fin. Es como si ellos pensarán que al no ser dignos de ellos/ellas, te intentaran demostrar que son mejor que tú, que son más fuertes o que no les puedes ganar. Intentan mostrar su superioridad con esta clase de actitud. O sea, no ven la realidad tal y como es. No piensan en tus necesidades, en tus deseos y cuando no cedes por ellos se lo toman como una ofensa personal, en vez de intentar verte como una persona autónoma e independiente.

 Puedes remediar estas relaciones de tres maneras:

1) Habla con él/ella explicándole como te sientes, que es lo que no te gusta que haya hecho o dicho y que esperas de él/ella. (Personalmente yo lo he intentando y no ha funcionado, espero que los que intenten tengan más suerte). Si no te da resultado prueba con las siguientes 2 opciones.

2) Cambia la relación. Lo digo porque tal vez sea alguien que quieres o al que le tienes mucho cariño y separarte totalmente de esa persona te produzca pena o tristeza. Pon distancias para que esa persona no te haga daño de nuevo.

3) Si esa persona te amarga tu vida, te pone de mala gana, si te produce más tristezas, penas, enfados, cabreos o decepciones que alegrías o felicidad, corta por lo sano. Ya aparecerá alguien en tu vida que valore tu amor.

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“El amor verdadero hacia alguien se manifiesta en el deseo de que sea feliz.” I.L.

 

 

POSESIÓN

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La posesión es uno de los sentimientos más egoístas del ser humano. Parte de la idea de que otra u otras personas que conforman el tejido social de nuestra vida cotidiana es algo nuestro, de nuestro dominio y por lo tanto, no lo valoramos como un sujeto independiente con ideas, sentimientos, valores propios. Esto se puede dar tanto en relaciones amorosas como de amistad, pero me quiero centrar en las de pareja porque es donde más he vivido esta situación.

Este sentimiento de posesión se manifiesta de manera de control. Quiero decir, intentamos controlar la vida de esa persona a la que deseamos poseer. Este acto se puede cometer a distintos niveles, desde niveles aceptables hasta enfermizos.

En los niveles aceptables se trata más bien de saber acerca de la otra persona: si ha hecho planes o si no, donde está o bien con quien. Cuando digo niveles aceptables, me refiero a que sentimos esa curiosidad de saber que es lo que hace esa persona con su vida, pero no por desconfianza, sino por el mero hecho de saber. Cuando sabemos donde está, con quién o que está haciendo, no empezamos a hacernos películas en la cabeza sobre si nos traiciona, si se aleja de nosotros o si de si nos quiere o no. Tampoco se nos viene a la cabeza la idea de ir donde está esa persona con el fin de verificar nuestras sospechas.

Los niveles enfermizos son más concentrados, aquí no intentamos controlarlo, aquí ya estamos acosándolo a distintos niveles. Es como si quisiéramos saber a cada rato que es lo que está haciendo la otra persona. Pongamos por ejemplo que nuestra pareja ha hecho planes. ¿Te imaginas que estés en una reunión con amigos y que tu pareja te esté llamando a cada rato para saber qué tal va la fiesta, con quién estás hablando o si ya te has marchado para casa?

Si seguimos con el acoso, otro ejemplo sería el de saber el nombre de todos tus amigos, que relación tienes con ellos y las cuentas de las redes sociales, el número de móvil o bien la dirección. En caso de que estés con uno de ellos, demos por hecho que el/ella te llama y no le coges o le mandas un mensaje y no le respondes, podría usar estas fuentes de información para saber a cerca de tu paradero y en el peor de los casos irrumpir en él y reprochártelo en cara montando una escena.

Otro caso muy frecuente de acoso, se da en el caso de que tu pareja tenga la “necesidad” de mirar tu móvil, tu correo o las cuentas de las redes sociales. Concluyendo, en vez de que vuestra relación se base en la confianza, tu pareja es más bien como un detective privado que no para de desconfiar de ti aunque no le des razones para hacerlo. Bien podría ser un problema de confianza en ti, o bien podría estar reflejando sus propios problemas o sus propias inseguridades en ti.

En los casos más extremos, nos hallamos frente a una patología, ya que a la mínima suposición de infidelidad, ya somos culpables aún sin serlo. Pero lo peor no es eso, sino que las escenas se convierten en humillaciones, aberraciones, insultos y desprecios. Aunque en este caso ya no estamos hablando de amor, sino de intentar conservar nuestro ego, de mostrar que somos más fuertes, ser superiores.

Una de las bases más importantes de una relación es la confianza. No me refiero solo a la confianza respecto a la fidelidad, sino en cuestiones económicas, personales, íntimas. Estar con alguien que duda de nosotros constantemente es agotador, no solo para el que duda, sino también para el que es cuestionado porque tiene que estar demostrándole a la pareja todo el tiempo que no tiene motivos para desconfiar. Tiene que estar todo el rato dando explicaciones de con quién queda, dónde, cuándo y para qué, de qué hablan, qué han hecho. Tiene que convencerle todo el rato sobre su amor, su cariño, su afecto, su apego… sobre todo. No se me ocurre peor manera de consumir una relación que ésta.

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“Cuando aplastas los sentimientos de otra persona, el ego se convierte en soberbia”. I.L.

MADUREZ

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Existen dos tipos de madurez. La primera es madurez psicológica, que deriva en aceptar responsabilidades de índole digamos profesional: acabar los estudios, buscar un trabajo, independizarse…Por otro lado, tenemos la madurez emocional, que se centra básicamente en relaciones personales o sentimentales. En este post me quiero centrar en la madurez emocional, ya que mi blog está centrado más que nada en el lado emocional y va a seguir ese camino.

La falta de madurez en una relación implica falta de compromiso y falta de implicación en la misma. Con falta de compromiso no me refiero a un acto en concreto, como por ejemplo, el casamiento, sino más bien en el estancamiento de la relación. Por ejemplo, que en las responsabilidades referidas a la pareja, cada uno tome parte activamente de cumplir con su parte. Puede ser desde las tareas de casa hasta el pago de las facturas. Cuando hablo de implicación, me refiero a que una relación necesita comunicación, sinceridad, responsabilidad… vaya, toda una lista de emociones recíprocas. Sin esos dos ingredientes es imposible que una relación funcione bien.

 Se puede dar el caso de que las dos partes sean emocionalmente maduras pero psicológicamente una sí y la otra no. Pongamos el ejemplo: una parte tiene trabajo, tiene ingresos mensuales, está independizada… la otra parte, por el contrario, no se encarga de su vida, es decir, no se preocupa de estudiar, ni de trabajar ni de nada. Esa relación no va a funcionar hasta que la otra parte se preocupe de su vida, ya que en algún momento una parte se cansará de ser el “responsable” de la pareja y de asumir todas las preocupaciones.

 Se puede dar el caso de que las dos partes sean emocionalmente maduras, pero ninguno de ellos haya madurado psicológicamente. Tal vez cuando las dos personas sean jóvenes funcione, pero a medida que van creciendo, como ninguno querrá responsabilizarse de su vida, estudiar, trabajar o lo que sea, es difícil que puedan construir una vida conjunta.

 Cuando las dos partes son psicológicamente maduras pero una de ellas es emocionalmente inmadura, la parte madura sentirá que trata con un niño/a o con un/a adolescente, porque no encontrará en el/la otro/a el apoyo emocional que necesita. No sabrá escucharle, o como ayudarle, tal vez no sea empático/a y probablemente le de más problemas, ya que tal vez no sepa ni lo que quiere, ni lo que espera de la relación, ni donde está, ni a donde va y haga de sus problemas un drama.

 Cuando las dos partes son emocionalmente inmaduras, siendo las dos psicológicamente maduras, la relación no va a llegar a ningún lado porque estaremos frente a dos personalidades incompletas, subdesarrolladas. Ninguno de los dos sabrá que quiere hacer con su vida, que quiere conseguir en la vida, que espera o que quiere de la otra persona ni de la relación.

 La última suposición la basaremos en que una de las partes es una persona tanto psicológica como emocionalmente madura y la otra parte es tanto psicológica como emocionalmente inmadura. Todo depende del grado de inmadurez o madurez de las dos personas implicadas, pero sería como si una persona adulta saliera con un niño. Imaginaros la situación, pero no físicamente, sino a nivel emocional. Imagina tener que decirle a tu pareja que es lo que tiene que hacer, cuando lo tiene que hacer, donde lo tiene que hacer o como lo tiene que hacer, sería una relación caótica. O imaginémonos que tu pareja te esté pidiendo todo el día tu atención, imagínate que no se responsabilice de nada, imagina que al mínimo obstáculo que se interponga entre él/ella y lo que el/ella quiere y te pidiera ayuda o hiciera un drama. En resumidas cuentas, tendrías que parar tu vida para atender a la de tu pareja. Es decir, tu vida dependería de la vida de tu pareja y eso no es vida.

Por eso dicen que una pareja no trae la felicidad, que hasta que tú no seas feliz no encontrarás pareja que funcione. Tienes que madurar, responsabilizarte, encontrar cual es tu pasión, tu vocación, realizar tus sueños y perseguir tus objetivos. Cuando puedas ser feliz contigo mismo, entonces podrás encontrar una persona que te haga más feliz, que te complete, que te llene de verdad.

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“Enamorarte no significa ser feliz, eso depende de cada uno.” I.L.

MENTIRAS

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Hay tantas razones por las cuales mentir: orgullo, miedo, debilidad… pero lo cierto es que sea cual sea la razón ninguno lo justifica. Es como si las personas pensaran que mentir cambiara la realidad de la persona a la que se le miente o simplemente pensaran que la otra persona nunca lo fuera a descubrir. A ver, que una cosa es que alguien no quiera saber acerca de algo o que no quiera meterse en “temas” que no le interesan y se haga el/la loco/a y otra cosa es que pensemos que la persona que tenemos enfrente es tonto/a, nada que ver.

También hay que diferenciar entre mentir y no decir toda la verdad. Siempre que mentimos, engañamos. Cuando no decimos toda la verdad, depende. Si es algo que únicamente te incluye a ti o te afecta a ti, eres libre de decirlo o no, porque al fin y al cabo es tú vida y solo tú puedes decidir que es lo que los demás quieren saber de ti. Pero cuando le ocultamos la verdad a una persona acerca de algo en el que está implicada o le afecta, estaremos usando la evasión con el mismo fin que la mentira, la intención es la misma, así que el daño que causaremos al tercero es el mismo.

Algo que detesto es cuando la gente intenta justificar sus mentiras. Las mentiras en sí no hacen daño. A ver si me explico lo suficientemente bien. El daño en cuestión, lo hace el comportamiento de la persona. Mentimos cuando pensamos que lo que hemos hecho es dañino o perjudicial para otra persona y no lo queremos decir por miedo a la reacción de la misma, es decir, miedo a hacerle daño, miedo a decepcionarle, miedo al abandono… Quiero decir, antes de mentir ya le hemos provocado el daño a esa otra persona, en realidad lo que intentamos al no decírselo o al mentirle es salir impunes.

Por eso no puedo soportar cuando alguien dice “no te lo dije / te mentí por tu bien, para protegerte”. ¿Para protegerle a él/ella o para protegerte tú? El daño ya le has hecho de antes, si encima le mientes le estás demostrando o bien que piensas que es ingenuo/a, o sea que tiene una confianza ciega en ti, que piensas que eres muy listo/a y que no se va a enterar nunca o bien que puedes hacer con el/ella lo que te da la gana. Pero lo peor no es eso, lo peor es cuando le has mentido descaradamente y se acaba enterando de la verdad y entonces se le quita la venda de los ojos y ve la verdad. Así que, veamos, cuando le haces más daño, ¿cuándo actúas erróneamente o después de haber actuado mal, le hayas mentido, ha descubierto la verdad y ha perdido toda confianza en ti?

Una vez, conocí a alguien que dijo “se es más feliz en la ignorancia”. No comparto nada esa opinión y de hecho, se lo dije. Será que nadie le ha mentido descaradamente o no sé. En realidad, creo que el peor caso en el que te mienten es cuando sabes la verdad y le preguntas que es lo que ha pasado o pasó. Ahora seguro que alguien me dice… ¿y si lo sabes para qué preguntas? Fácil. Es para saber si esa persona es de fiar o si llegado el momento te sería sincera. No estoy a favor de poner a la gente a prueba, pero si está justificado, es decir, si alguna vez alguien te ha traicionado y tienes dudas razonables de su posible deslealtad pues es la única manera que se me ocurre de averiguarlo. Sea cual sea la reacción te llevarás una sorpresa, en el mejor de los casos grata y en el peor de los casos mala.

También conozco a gente avestruz. Ya sabéis, de esas que aunque sepan la verdad esconden la cabeza en el suelo y hacen como si no supieran nada. Es algo que me irrita demasiado. Es como si no pudieran afrontar la realidad. A ver, pensemos. Todos los días mueren miles de personas de hambre, todos los días muere gente en guerras civiles, existen un montón de personas desnutridas en el mundo, niños explotados y una larga lista que le sigue. Lo peor de todo, es que nos han acostumbrado mal para que aunque esté pasando todo eso todos los días de nuestra existencia, solo pensemos en nuestro ombligo. Así que si puedes soportar la idea de que todos los días pasa eso en el mundo, en serio: ¿No puedes soportar que una persona querida te traicione? ¿No puedes soportar que alguien que creías que era tu amigo/a en realidad no lo sea? ¿No puedes soportar que tu pareja no te sea fiel?

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 “Las mentiras son un ritmo disonante entre quien lo marca y quien lo sigue.” I.L.

CELOS

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Todos sentimos celos alguna vez. Algunos dicen que nunca han sentido celos, pero eso es como decir que nunca has querido o amado a alguien. Tal vez esta última afirmación sea un poco extremista pero así es como pienso. Creo que cuando la gente dice que no siente celos, se refiere a los malos celos. Existen los celos buenos y los celos malos. Sí, ya se que hoy en día los celos se consideran algo meramente negativo, pero también es porque sólo se les da un único enfoque. Además, se reducen exclusivamente a las relaciones amorosas, cuando en realidad se extiende a todo tipo de relaciones, de amistad y familiares también.

 Diremos que los celos son malos, cuando tiene las siguientes características.

1. Son celos enfundados, no tienen una base real. Me refiero a que en vez de tener la certeza o las pruebas que corroboran nuestras sospechas, el pensamiento de que esa persona a la que queremos nos “traiciona” es obsesivo. En ese caso, cada vez que se da la situación de una traición simulada (digo simulada, en el sentido de que podría pasar, es decir, si tú piensas que tu pareja te es infiel con una persona de tu mismo sexo, cada vez que tu pareja hable, ría o se relacione con alguien de tu mismo sexo sería una situación simulada), la persona celosa enferma de celos estallando con enfado, ira o rabia y hace que su pareja no pueda hacer una vida normal.

 2. Cuando los celos se convierten en un sentimiento de posesión de la otra persona. Cuando nosotros pensamos que la otra persona es nuestra, o sea cuando pensamos en “mi…” y lo tratamos como si fuera un objeto de nuestra propiedad y no en otra persona independiente con la que compartimos tiempo, recuerdos, experiencias. Entonces la relación se vuelve posesiva, donde la otra persona no tiene derecho a compartir el tiempo con otros amigos, amigas, familiares o quien sea con quien quiera pasarlo que no sea con nosotros. En conclusión, cuando intentas controlar a tu pareja.

 3. Cuando los celos parten de una inseguridad en nosotros mismos y por lo tanto, en la relación. A veces, cuando se da la situación de que nuestra pareja o amigo/a conoce a otra persona con la que se lleva bien, con la que comparte tiempo o hacen algo en común, directamente la percibimos como si fuese una amenaza. La base de este sentimiento, se basa en que creemos que esa otra persona le da algo que nosotros no le damos, o que vale más que nosotros o que es mejor que nosotros y al tener esos sentimientos, estamos cuestionando nuestra relación, porque dudamos de nuestra capacidad para hacer feliz a la persona a quien tememos perder.

 Diremos que los celos son buenos, cuando cumplen las siguientes características:

1. Nos sentimos tristes ante la amenaza de pérdida de esa persona a quien queremos o amamos. Esa persona con la que nos sentimos tan bien, esa persona que nos llena, que nos hace ser mejores personas, que nos da seguridad sin la que no podemos o no queremos estar. Al sentir esos celos, nuestras emociones hacia esa persona se intensifican, se hacen más grandes y eso nos da fuerzas para mejorar nuestra relación con ella y nos da más ganas de luchar por ella. Alimentamos nuestro amor, no nuestro ego.

 2. Cuando sentimos celos, nos preguntamos el por qué. Nos preguntamos si tenemos pruebas, o si nuestras sospechas son certeras y no se trata de que nuestra imaginación no haya sido justa. Buscamos la verdad, la realidad, y en esa búsqueda nos podemos encontrar en que estamos proyectando nuestros propios problemas en nuestra pareja, en vez de enfrentarnos nosotros a ellas. Eso hará que nos conozcamos mejor, conozcamos nuestras debilidades y nuestra confianza en nosotros mismos aumente, por lo que eso ayudará a mejorar la relación.

 3. Son celos positivos, cuando aceptamos a la otra persona como nuestra pareja. Cuando le reconocemos el derecho de hacer cosas que nosotros no queremos con otras personas que sí quieren, o cuando comparte tiempo o actividades con otras personas que no seamos nosotros, aunque nos moleste, pero sabiendo que nosotros también lo hacemos. Le reconocemos como una persona independiente y autónoma, como la otra parte de la relación. Exigimos libertad al igual que la concedemos.

 Si partimos de la idea de que una relación está compuesta por dos personas, cada una con sus gustos, sus sentimientos, sus pensamientos, sus amigos y su trabajo, entenderemos que una relación no consiste en que funcione como nosotros queremos, sino que es un constante contraste de fuerzas en el que se trata de conseguir una armonía en el que cada uno por separado pueda ser uno mismo y cuando son pareja sean ellos, mejor que la suma de los dos por separado.

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“Los celos son un arrebato primario de amor.” I.L.

 

 

COMUNICACIÓN

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La comunicación es la base del pilar para las relaciones humanas. Bien se sabe que una mala comunicación puede romper incluso las relaciones más fructíferas o más estrechas, así que trataré de dar unas bases para que eso no pase.

 1. No faltes el respeto. Es la más importante de todas. Ya se que la gente dice que el respeto se gana, pero es sumamente importante que la otra persona obtenga el mensaje de que tú tienes en cuenta o que eres considerado con sus sentimientos. No hace falta que esa persona sea importante en tu vida, se trata más bien de ser cortés, de ser educado. Imaginaos que todas las personas dijeran todo lo que piensan de las maneras más burdas, el mundo sería caótico.

 2. No grites. Esto se aplica más bien a momentos de tensión, de discusiones. Una lucha violenta (no hace falta llegar a la agresión física) por tener la razón, por ver quien es el más fuerte (¿Gritar más desde cuándo significa ser más fuerte?), o a ver quien es el que se rinde antes (¿Desde cuándo rendirse significa que no se te tenga la razón?) sólo es una pérdida de tiempo y de energía que no lleva a ningún lado. Si en ese momento estás alterado, enfadado, sientes ira o furia, respira hondo, tómate tu tiempo y cuando te tranquilices habla con quien tengas que hablar, pero cada uno exponiendo su punto vista y aceptando la del otro.

 3. No juzgues. Cuando te comunicas con alguien, lo que más se queda grabado en nuestro cerebro es la primera impresión. Es lógico, porque es lo primero que percibimos de una persona, pero esa primera impresión no siempre es la más acertada. Si tú te tomas tu tiempo en conocer a alguien (tampoco me refiero a que cada persona que conozcas lo conviertas en un amigo, simplemente que no te fíes de las primeras impresiones), verás que algunas personas con el tiempo te sorprenderán gratamente.

 4. No critiques. Las críticas hacia los demás están a la orden del día. Cuando la gente mira a los demás, lo interpretan con su lente (quiero decir, desde su punto de vista), no cambian la lente para ver el mundo de otro color (me refiero a ponerse en el lugar de otro, ser un poco empáticos, porque seguramente esa otra persona y tú no veáis las cosas de la misma manera) que no sea el suyo. Todo lo ven en blanco y negro, sin apreciar la amplia gama de matices grises existentes.

 5. No reproches. Algunas personas que no soportan una conversación acerca de que es lo que hacen mal, algo que no nos gusta de ellos o como podrían mejorar algo de ellos utilizan esto como un ataque defensivo. Cuando tú metes la pata, en vez de decírtelo y aclarar las cosas en el momento en que suceden “en frío” (o sea, siguiendo las pautas que antes he mencionado), cuando tú intentas hablar con ellos en la situación en que he descrito antes, ellos te echan en cara algo que habías echo mal o el momento en que habías metido la pata hace tiempo atrás. Es lo más hiriente y lo más ruin que puedes hacer. Porque en el momento en que tú hablas con ellos y ellos te lo echan en cara, te preguntas por qué no te lo dijeron en su momento y te vienen ahora con esas, como si eso “empatara” la situación. Hay que saber aceptar una crítica constructiva.

 6. No humilles. Otras personas son tan orgullosas que son incapaces hasta de admitir de que no tienen razón, aún cuando se lo demuestres fehacientemente. Es por el mero de hecho de que no darte la razón suponga una victoria, aunque esta idea no tenga ningún sentido. Pero eso no es lo peor, lo peor es que cuando tú le preguntas acerca de algo que no sabes (porque tú admites que no naciste sabiéndolo todo), te van a tratar como si no saber eso en concreto que estás preguntando te convirtiera en tonto (Y digo yo, ¿No es más noble aceptar tu ignorancia acerca de algo, qué no admitirlo por orgullo y quedar en evidencia?).

 7. No desprecies. Hay otro número de personas que tienen la mala costumbre de desconectar cuando otras personas les hablan, mientras que cuando ellos hablan necesitan toda tu atención. Esto, para mí, deriva en desprecio, porque es como si solo importasen sus problemas o lo que tuvieran que decir, mientras que lo que tenemos que exponer los demás fuese insignificante para ellos, aún sin haberlo escuchado. O sea, es un desprecio no a lo que has dicho, sino que es un desprecio a tu persona porque dan por hecho que lo que tú vas a decir carece de importancia o es irrelevante.

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“Una buena comunicación es la sincronía de dos melodías independientes.”  I.L.

PODER

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Las relaciones interpersonales son una especie de juego de poder. Las relaciones sanas tratan de equilibrar el poder que tiene cada una de las partes en una relación en diversas situaciones desde quedar para tomar algo, hasta emprender un proyecto conjunto. Pongamos ejemplos sencillos: si quedáis para tomar algo, cada uno paga su parte o bien un día paga uno y otro día paga otro. Si quedáis para cenar unos cocinan y otros recogen, y la siguiente vez se intercambian los papeles. Si dos amigos viven lejos, una vez lo va a visitar uno y otra vez lo visita el otro y así sucesivamente.

 Encontrar un equilibrio entre ambas partes es difícil, sobretodo cuando la relación parte de un desbalance. Quiero decir, si existe un grupo de gente en el que se encuentran personas dominantes y personas que siempre arriman el hombro o siempre ceden. No quiero usar la expresión dominada, porque parto de una suposición en el que no se obliga a nadie a hacer nada que no quiera. Simplemente, con toda su buena voluntad se presta a colaborar para la puesta a punto en la actividad programada. Esto no debería suponer un problema, pero lo cierto es que acaba siéndolo para la parte colaboradora.

 Desde que los demás ven o tú das a entender que siempre vas a ser el que vaya a arrimar el hombro o vayas a ser el/la que cede, la balanza se va a volver en contra tuyo (si no es así, mejor para ti, pero es lo que normalmente sucede). Lo digo, porque cuando alguien no quiera hacer algo va a intentar que tú lo hagas. Entonces, además de hacer lo que te correspondía a ti, también vas a tener que hacer lo que otros no quieran.

 Esta manipulación se puede hacer bien de forma tan sutil que apenas te percates o bien, de una manera más descarada o bruta en el que las intenciones quedan al descubierto. El problema, pero, no se encuentra en el que se te acumulen las obligaciones de los demás. Se encuentra en el momento en que te das cuenta que los demás se están aprovechando de ti y te decepcionan. Porque supongo, que cuando te das cuenta de esa manipulación, empezarás a negarte a ser el que siempre arrima el hombro y el que siempre cede con el propósito de recuperar tu poder. Intentarás reestablecer el equilibrio de esa relación.

 Cuando te empiezas a negar a hacerte responsable de las tareas de los demás, puedes esperarte distintas reacciones. Algunos desistirán en el intento, algunos intentarán convencerte de las maneras más sutiles y amables a que lo hagas y otros en cambio, mostrarán su lado más tirano y egoísta y te harán creer que el hecho de que no lo hagas te convierte en una mala persona, en una persona vaga o caprichosa. Entonces es cuando te sientes mal y te preguntas realmente si tienen razón o no, y no, no la tienen.

 Voy a intentar aclarar o explicar como puedes saber si realmente alguien te está manipulando para conseguir sus fines o si realmente no lo haces porque eres egoísta. Debes de formularte las siguientes preguntas: ¿Habéis definido cuál va a ser la tarea de cada uno? ¿Has cumplido tu parte? ¿Ha cumplido él/ella la suya? Si es que no, ¿tiene algún impedimento para llevarlo a cabo o se trata más bien de una excusa? Si es que sí, ¿suponen los dos el mismo esfuerzo?

Estarás siendo egoísta en caso de que no hayas cumplido con tu parte y él haya cumplido con la suya, o si bien los dos habéis cumplido con vuestra parte pero la suya supone un mayor esfuerzo y no quieras ayudarle.

Estarás siendo manipulado/a, en el caso de que tú hayas cumplido con tu parte y él/ella no, o si bien los dos habéis cumplido con vuestra parte pero la tuya suponga un mayor esfuerzo y el se niega a echarte una mano.

 Lo más importante en el momento de que te des cuenta de que se ha llevado a cabo esa manipulación, es que expongas donde está el límite, hasta donde estás dispuesto a llegar y que es a lo que te niegas. Si la reacción es buena, sigue adelante. Si es que no, pregúntate si realmente esas personas te quieren, si realmente son tus amigos o si debes relacionarte o buscar otras personas con las que compartir tu tiempo. La gente confunde ser bueno con ser débil, con ser inocente o manipulable, pero no tiene nada que ver. A veces esas ganas de ser “el bueno” provienen de un complejo de inferioridad en el que se piensa que si no hacemos la voluntad de los demás seremos rechazados o estaremos siendo “malos” y debemos de ganarnos a los demás dando lo mejor de nosotros mismos, ayudando a los demás en lo que podamos, sacrificándonos hasta que llega un punto en el que lo que nosotros queremos, necesitamos, deseamos o soñamos no importa y nos desvanecemos en los demás.

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 “La bondad es una virtud que solo los sabios saben apreciar.” I.L.