ANSIEDAD

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¿Alguna vez os habéis puesto nerviosos sin que si quiera haya pasado nada? ¿Os habéis puesto nerviosos por hechos futuros imaginados? ¿Os habéis puesto a imaginar toda una serie de catástrofes que podrían suceder, partiendo de alguna preocupación presente? ¿Os habéis visto envueltos en cantidades de estrés incontrolables, comiéndoos las uñas dejando los dedos en carne viva, saqueando la nevera o con unos dolores de cabeza o de espalda tales que os habéis tenido que acostar, haber ido a un masajista o haber cogido día para iros a un balneario? Efectivamente, hablamos de la ansiedad.

La preocupación y la ansiedad no son lo mismo. Puede que te preocupe tu situación laboral, económica o financiera, tu relación sentimental, tus amistades o tu familia. Es normal, si nunca nos preocupáramos de nada tampoco seríamos capaces de ver los problemas que podemos tener en nuestra vida y afrontarlas. El problema pero se encuentra en si hacemos de todas las situaciones un problema. Cuando la ansiedad nos ataca vemos problemas donde ni si quiera las hay o lo que es peor aún, creamos todo un mundo de problemas de un simple altibajo. Además, al poder ver solo problemas, es como si nuestra mente se bloqueara y nos impidiera ver soluciones o si nos invadiera una especie de ola de negativismo que nos impidiera cambiar nuestro punto de enfoque.

La mejor alternativa para la ansiedad es reconocerla para que no se convierta en un círculo vicioso que nos altere todos los días. Para eso voy a poner un ejemplo, a fin de que el lector/a pueda identificarse con esta clase de pensamientos.

Imaginémonos que estamos en la universidad. Suspendemos un examen. Nos viene a la cabeza el pensamiento “¿Y si no soy capaz de aprobarlo?” Y acto seguido nos vienen los pensamientos “¿Y si no puedo aprobar ésta que es fácil cómo voy a aprobar las demás?” “¿Y si no soy capaz de sacar el curso?” “¿Y si no soy capaz de sacar la carrera?” “¿Y si no estoy lo suficientemente capacitada para acabar ninguna carrera de la universidad?” Tal y como he explicado en el párrafo segundo, en este bucle de pensamientos negativos nuestra mente está bloqueada y solo somos capaces de ver una catástrofe donde no la hay. En esta situación lo más sano sería preguntarnos por qué hemos suspendido. Si hemos estudiado lo suficiente, donde hemos fallado o si hay algo que no hayamos entendido e incluso si estábamos demasiado nerviosos o estresados cuando estábamos realizando el examen y actuar en consecuencia.

Voy a poner un ejemplo que puede afectar a un mayor número de personas.

Imaginémonos que vivimos en un piso (no voy a entrar en detalles como en propiedad o en alquiler puesto que no son relevantes para el caso) y que no llegamos a fin de mes (bajo el supuesto de que estamos trabajando y cobramos, o sea, nos lo podemos permitir). Ahora imaginémonos que pensamos “¿Si no soy capaz de llegar a fin de mes, como voy a poder ser capaz de administrar mis finanzas?” Y a continuación le siguen pensamientos del tipo “¿Y si no soy capaz de administrar mis finanzas cómo voy a poder ser capaz de invertir mi dinero para conseguir dinero para la jubilación?” “¿Y si no soy capaz de conseguir dinero para la jubilación, qué clase de vida me espera?” “¿Cómo voy a ser feliz si no tengo dinero para cuando ya no trabaje?” “¿Cómo voy a sobrevivir?” Este ejemplo es un tanto más complicado que el anterior, puesto que estamos hablando de nuestro futuro. Pero hemos vuelto a crear unas expectativas desoladoras partiendo de una base preocupante. Si no llegamos a fin de mes, lo más sensato es preocuparse, pero sin ir tan lejos. Debemos pensar en si sólo nos ha pasado este mes o en más, si es que nos ha pasado más de una vez pensar en dónde gastamos más, hacer un seguimiento de nuestros gastos, anotándolos por ejemplo y actuar en consecuencia. Hacer algún sacrificio, dejar algún mal hábito, hacer algún cambio en cuanto a nuestra rutina se refiere (usar transporte público, por ejemplo, o salir a correr en vez de ir al gimnasio), etc.

Antes de poder cambiar el enfoque a nuestras preocupaciones es importantísimo relajarnos. Técnicas de respiración, ejercicios como yoga, Pilates… existen un montón de alternativas. Después tenemos que parar el bucle de pensamientos negativos. La mejor manera es a través del escepticismo. Nos tenemos que hacer preguntas como “¿Qué posibilidades hay de que eso ocurra?” ¿”De qué me sirve darle vueltas y más vueltas?” “¿Puedo hacer algo positivo al respecto?” Y al final con un poco de práctica conseguiremos hacer un enfoque más realista de nuestro problema y encontrarle una solución como he explicado en los dos ejemplos anteriores.

ansiedad

Mente sana, vida sana. I.L.

 

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