UN PASO HACIA LA LIBERTAD

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Había una pareja de jóvenes tumbados en la playa. Era verano y estaba anocheciendo. Estaban presenciando el idílico paisaje, cuando el chico se declaró:

 – Me encanta estar así contigo, amor. El sol descendiendo, el cielo pintándose de colores, la brisa del mar… este momento es perfecto y me gustaría que fuese eterno. Me haces muy feliz.

 La chica se quedó sin saber que decir. El chico preocupado, le dijo:

 – ¿No opinas lo mismo?

 – No me digas eso. Realmente este momento es mágico, pero no digas que quieres que sea eterno.

 -¿Por qué no?

 – Lo mejor de la vida es que es dinámica. Nada prevalece igual a lo largo de su vida. La noche, trae el día, el final de un día da el comienzo de otro, el final de un mes trae el comienzo del siguiente y así sucesivamente. El mar depende de las fases lunares. La vida de las plantas depende de las estaciones del año e incluso las piedras, que no tienen vida, con el paso del tiempo acaban convirtiéndose en polvo y arena. No puedes esperar, por tanto, que durante toda nuestra corta vida las personas seamos iguales, ni si quiera las relaciones entre nosotros. Todo debe fluir.

 -¿Pero, eso significa qué no me quieres?

 -Claro que no, cariño. Lo que quiero decir es que hoy estamos aquí tumbados en la arena viendo este bonito amanecer, porque en algún momento de nuestra existencia nuestras vidas se cruzaron. Para llegar hasta donde estamos ahora hemos tenido que vivir momentos tristes, angustiosos y difíciles. De no ser así, ahora no podríamos estar apreciando lo que es la felicidad y la alegría.

 – No entiendo. ¿A dónde quieres llegar con todo esto?

 – No puedo prometerte que te querré siempre. No puedo prometerte que nuestra relación siempre será dichosa y llena de felicidad. No puedo prometerte que siempre estaré contigo porque la vida es imprevisible. Lo único que te puedo decir, es que en estos momentos no hay nadie sobre la faz de la Tierra, que te quiera tanto como yo.

 El chico se levantó y le dio un beso, para después decirle:

 -Gracias.

 *No podemos aferrarnos a cosas materiales ni a las personas. No podemos esperar que las cosas agradables sean eternas, porque así es imposible comprender la dualidad de la vida. Nosotros solo estamos de paso en el mundo y eso quiere decir que las demás cosas tampoco pueden permanecer en nuestra vida para siempre ni de la manera como nosotros deseamos que sean, lo cual no quiere decir que tengamos que tener miedo de vivirlas.

 

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