Veo veo…

Estándar

-¿Qué ves?
-Una cosita.
-¿Y qué cosita es?
-Es una cosa que empieza por… Y termina con…

Es un entretenimiento infantil que supongo que muchos recordaréis. Aquel en el que intentabas averiguar cuál era el objeto en el que se había fijado el interlocutor. Pues bien, en mi edad adulta he jugado a este pasatiempo más veces de lo que os podéis imaginar y no, no estoy hablando del juego literalmente, sino de meterme en el papel del adivino e intentar conocer el cerebro de la otra persona.

Es como jugar a ser detective. Intentas averiguar que hace, que piensa o siente para adelantarte y marcar un tanto. Más que de un detective parece que esté hablando de una partida de ajedrez. Pues no sabéis lo agotador que es.
No sé si es vuestro caso, pero de hecho, mejor si no lo es. ¿Os imagináis vivir todos los días en un estado de estrés, tensión o ansiedad porque cada acción que cometéis, cada frase que decís o cada expresión nueva que probáis le supone una amenaza a alguien? Quiero decir, ¿Cada vez que decís o hacéis algo inesperado, cada vez que intentáis abrir vuestras fronteras o estáis actuando sintiéndoos cómodos le suponga un problema a otra persona? Cuando digo problema me refiero a que piense que intentáis perjudicarle de alguna manera.

Bueno, ahora que lo leo me parece que el problema en sí está en ese individuo que pretende ser tú más que en ti mismo. Es verdad que puede ser que no se te entienda bien o que se te interprete mal, pero para eso existen las dudas, ¿No? Para preguntar.

Que alguien pretenda saber qué piensas, sientes o por qué actúas de una manera o de otra es presuntuoso, demasiado. Es como pretender haber estado contigo las veinticuatro horas del día los trescientos sesenta y cinco días del año desde que naciste hasta la actualidad. No menosprecies la complejidad, peculiaridad o las características propias de una persona.

Yo pienso que todos merecemos segundas oportunidades. Así que sí, he perdonado, a veces más de lo debido, pero en ciertas circunstancias, como en la escrita anteriormente por ejemplo, como el cambio no depende de ti sino de otra persona, no te queda otro remedio que alejarte. No por conveniencia, sino por salud mental, por mucho que duela.

A veces las respuestas llegan solas, a veces condicionadas y a veces, tarde. No esperes al tiempo para preguntar.

meditación

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