EL TIEMPO

Estándar

El sol avanza hacia el oeste, lento. La luna empieza a asomarse en el cielo. Ambas coinciden al menos una vez en 24 horas. Uno para despedirse del día y otro para dar la bienvenida  a la noche.  Los relojes nos dejan  un sonido agudo para advertirnos del paso del tiempo. Cronometran los ritmos de los astros a cada segundo, para hacernos cómplices de su autoridad.

Ese sentimiento de que el tiempo nos persigue y va delimitando la cuenta atrás de nuestros días. Narra las historias de cada uno de nosotros cual espectador, viendo nuestras derrotas, nuestras victorias, nuestras alegrías y nuestros llantos. Está tan apacible ahí, cruzando nuestras vidas con las de otras personas. Va aumentando o delimitando nuestras capacidades, nuestras emociones, nuestras aptitudes o nuestros conocimientos. Se hace dueño de nuestras vidas.

A veces nos cierra puertas, nos abre ventanas, abre nuestras posibilidades y cierra nuestras expectativas. Hace que divaguemos por él sin rumbo, nos  muestra miles de caminos, pone a prueba nuestras decisiones. Nos pone miles de dificultades y obstáculos que superar. A veces nos proporciona recompensas. Nos pone una delicia en la boca y nos la quita sin miramientos para darnos cuenta de lo que queremos o de lo que merecemos. Juega con cada uno de nosotros, autoritario, expectante, poniéndonos a todos la misma condición: vivir un viaje sin retorno.

el tiempo

El paso del tiempo