MIEDO

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No sé si habréis visto la película After Earth protagonizada por Will Smith, pero quería hacer la introducción al artículo con una mención al miedo que me dejo atónita. “…Y entonces me di cuenta de que el miedo no es real. El miedo solo puede existir en nuestros pensamientos del futuro. Es producto de nuestra imaginación causando que le temamos a cosas que en el presente no existen y que quizá nunca existirán. Eso es casi una locura, Kitai. No me malentiendas. El peligro es muy real. Pero el miedo es una decisión. Todos nos estamos contando una historia. Y ese día, la mía cambió.”

miedo

Existen toda clase de miedos: a animales, a las alturas, a espacios cerrados, a espacios abiertos, a otras personas y podría seguir una larga lista pero hoy quiero enfocarme en tres: miedo al rechazo, miedo a la soledad y miedo al fracaso. La razón por la que quiero hablar de estas tres es porque son la piedra angular de todos los miedos, son las más limitantes.

El miedo al rechazo viene de que los humanos somos sociables por naturaleza. El hecho de ser rechazados podría decir respecto a nuestro ADN que no somos aptos para ser queridos por otras personas, es decir, que de alguna manera no merecemos ser queridos.

El miedo a la soledad significa la incapacidad de estar física o emocionalmente solos. Desde pequeños crecemos rodeados de familiares, de amigos de la escuela para más tarde ir cambiando o conocer personas que serán parte de nuestro círculo de amigos. No tener un círculo íntimo de personas significa no tener apoyo, consuelo, amor, complicidad y todos esos términos que son de vital importancia para una persona para su crecimiento.

Por último, queda el miedo al fracaso que esconde otro miedo a no ser lo suficientemente bueno, a no ser capaz.  ¿Pero realmente, qué es el fracaso? O si lo preguntamos de otra manera, ¿Qué es el éxito? Lo que para una persona podría significarlo tal vez para otra persona no lo signifique y a la inversa.

Realmente es difícil definir qué es cada una de ellas ya que para cada persona tendrán un significado distinto. Para mí, el éxito consiste en cumplir mis sueños mientras soy feliz o al menos trato de serlo.

Sin miedos, no hay límites.

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EL TIEMPO

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El sol avanza hacia el oeste, lento. La luna empieza a asomarse en el cielo. Ambas coinciden al menos una vez en 24 horas. Uno para despedirse del día y otro para dar la bienvenida  a la noche.  Los relojes nos dejan  un sonido agudo para advertirnos del paso del tiempo. Cronometran los ritmos de los astros a cada segundo, para hacernos cómplices de su autoridad.

Ese sentimiento de que el tiempo nos persigue y va delimitando la cuenta atrás de nuestros días. Narra las historias de cada uno de nosotros cual espectador, viendo nuestras derrotas, nuestras victorias, nuestras alegrías y nuestros llantos. Está tan apacible ahí, cruzando nuestras vidas con las de otras personas. Va aumentando o delimitando nuestras capacidades, nuestras emociones, nuestras aptitudes o nuestros conocimientos. Se hace dueño de nuestras vidas.

A veces nos cierra puertas, nos abre ventanas, abre nuestras posibilidades y cierra nuestras expectativas. Hace que divaguemos por él sin rumbo, nos  muestra miles de caminos, pone a prueba nuestras decisiones. Nos pone miles de dificultades y obstáculos que superar. A veces nos proporciona recompensas. Nos pone una delicia en la boca y nos la quita sin miramientos para darnos cuenta de lo que queremos o de lo que merecemos. Juega con cada uno de nosotros, autoritario, expectante, poniéndonos a todos la misma condición: vivir un viaje sin retorno.

el tiempo

El paso del tiempo

PUESTA EN ESCENA

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Tres, dos, uno… Probando, probando.

Momento crucial en el que sales al escenario. Estás ahí, de pie, en frente de un público que espera con entusiasmo y con cierta curiosidad tu puesta en escena. Notas como los papeles que tienes en mano están envueltos en forma de cono, como tu mano tiembla de nerviosismo además de que tu voz no sale de una manera firme y segura. Es ahí donde el miedo escénico hace su entrada.

Estás tan concentrado en ese momento, en la manera tan insegura en el que se refleja tu cuerpo y tu expresión que no te paras a pensar en cómo tu mente está jugando contigo. Quieres causar tan buena impresión, quieres hacer tan bien la exposición que ni siquiera eres consciente de que los demás ya notan tu nerviosismo.

Antes de entrar en escena, mucho antes incluso, ya han salido todas tus preocupaciones a la luz. ¿Qué impresión causaré en los demás? ¿Se me olvidará algo? ¿Les gustará mi presentación? ¿Será aburrido o entretenido? ¿Cómo me juzgarán? ¿Me criticarán? ¿Haré el ridículo? ¿Se reirán de mí? Mientras todos estos pensamientos empiezan a revolotear, tu cuerpo ya se ha puesto tenso, tu estómago se ha cerrado y tu pulso se ha ido incrementando.

Ya no hay vuelta atrás. Te has puesto en el peor escenario posible, le has dicho a tu cuerpo a través de tus pensamientos que no vas a hacer bien la presentación. Le has dicho que se te olvidará algo, que harás algo mal, que quedarás en evidencia, que a los demás no les gustará o que tu público será el más estricto y severo de los jueces.

Es posible que tu presentación no salga perfecto, que te equivoques en alguna cosa, que se te olvide algo, que tu audiencia se aburra o que la exposición que hagas no sea completamente de su agrado. El problema consiste en que no puedes controlar lo que los demás piensan de ti ni tampoco puedes pretender ser perfecto. ¿Pero acaso no pasa eso el resto de los días del año cada vez que interactúas con alguien? ¿Quiero decir, cada vez que te relacionas con alguien ya sea ese alguien conocido, desconocido, cercano o íntimo, controlas lo que piensan a cada rato? ¿No, verdad? ¿Entonces, cuál es la diferencia?

Parece que cuando salimos a hablar en público nos convertimos en una especie de diana que puede ser un blanco perfecto para toda clase de críticas, burlas o sentencias. Teniendo en cuenta lo que he mencionado en el párrafo anterior, por qué no pensar que haremos bien la presentación, que al público le gustará o mejor aún, por qué no pensar que somos humanos y que tenemos un margen de error, a fin de cuentas, nuestra existencia no se reduce a complacer a nadie. Estamos aquí para cometer errores, para aprender de ellos y seguir siendo felices.

Cuenta hasta tres, respira hondo y sonríe. ¿Estás listo para enfrentarte al mundo?

audicion

¿Tú o yo?

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Alguna vez os habéis preguntado ¿Quién es mi peor enemigo? Y ahora que os lo he propuesto ¿Cuál ha sido vuestra respuesta? ¿Algún familiar, alguien conocido, alguien de vuestro pasado o la crisis tal vez? Pues siento deciros que salvo que vuestra respuesta haya sido distinta a la de yo mismo, aún os queda un largo camino por recorrer.

Quiero haceros ver como podéis influir en vosotros mismos y hasta qué punto. Imaginaos que vivís en un clima lluvioso. Os encanta el sol, el verano y el calor. ¿Preferís quedaros donde estáis o hacéis algo por llevarlo mejor? Quiero decir, ¿buscáis trabajo en otro lugar, decidís cogeros vacaciones en invierno e iros a un clima más templado, hacéis planes para intentar sobrellevarlo lo mejor que podéis, por ejemplo, practicando deportes de invierno? ¿O preferís quedaros encharcados en vuestras penas y en vuestras quejas?

Ahora va con algo más complicado. Imaginaos que alguien de vuestro entorno hace que vuestros días se vuelvan grises, agrios y/o pesados. Tal vez porque esa persona se sienta desdichada y quiere que vosotros también os sintáis desdichados, tal vez porque esa persona sea insegura e intente compensar su inseguridad haciéndoos a vosotros cómplice de ello, tal vez porque os envidie, os odie, u os ve como un/a rival. Las razones y las situaciones pueden ser muy distintas entre sí pero todas con el mismo origen, ya que es aquí donde viene la pregunta que se cuestiona qué tanto os queréis.

¿Quién le permite entrar dentro de vuestros pensamientos o sentimientos? ¿Quién le permite hacerse dueño de vuestra felicidad? ¿Quién le permite hacer que os sintáis abrumados, pequeños, débiles o inferiores? Vosotros mismos. Si vosotros pensáis que lo que la gente os diga, os critique, os valore u os desvalorice o sea lo que sea lo que piensen ellos de vosotros es lo que sois, estáis completamente equivocados.

Si la imagen que tenéis de vosotros mismos está creada en base a personas ajenas a vosotros mismos significa que dependéis de vuestro ego. En nuestra infancia, aún no tenemos una personalidad definida. Nos dicen muchos patrones o muchas conductas que debemos seguir, como debemos vestirnos o que aspecto debemos tener por lo que está bien visto o no, pero a medida que vamos creciendo, nuestras experiencias van dibujando nuestro lienzo. Como nos enfrentamos a esas experiencias y como logramos superarlas, van a ir describiendo nuestro yo futuro hasta el final de nuestros días.

Tener una buena autoestima significa que te aceptas tal y como eres. No te crees ni mejor ni peor que nadie porque reconoces tus debilidades pero sin avergonzarte por ellos. Significa que estás dispuesto a luchar por lo que quieres, a cumplir tus sueños, a pelear, a admirar a otras personas y ayudar a las que necesiten. Significa que te reconoces como persona y que nadie en este mundo tiene la capacidad de hacerte feliz o infeliz, salvo tú mismo.

Quiérete.

Se libre.

Expandiendo horizontes

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El mundo es aterrador, el mundo es un lugar oscuro y siniestro, el mundo es maravilloso, en la vida vas a sufrir mucho, la vida es dura… ¿Cuántas afirmaciones de este tipo habremos oído en nuestra vida de personas de nuestro alrededor? Familiares, amigos, pareja, conocidos, compañeros… ¿Quién dice que todas, ninguna o solo algunas de estas afirmaciones sean ciertas? Pues depende. Cada uno es capaz de transformar su vida como quiera.

Todos queremos que las personas que queremos no estén tristes, sufran o lloren de dolor. Pero hasta cierto punto. No podemos pretender que las personas que queremos aprendan las lecciones de la vida sin experimentar. No podemos pretender que las personas a las que queremos se transformen, evolucionen o maduren sin dejarles explorar. No podemos pretender que las personas a las que queremos se conviertan en lo mejor que pueden llegar a ser si no aprenden a ser constantes, perseverantes y pacientes. Muchas de las cosas que queremos conseguir requieren esfuerzo y sacrificio además de alguna que otra lágrima.

Querer que estén a nuestro lado sin dejarles ir más allá de sus límites tarde o temprano les pasará factura. Es mejor dejarlos ir, que tomen sus propias decisiones, que exploren el mundo, que luchen mil y una batallas para cuando regresen tristes, doloridos o exhaustos cuidarlos y reconfortarlos hasta que se repongan para la próxima batalla. Posibles consecuencias:

Mermará su autoestima. Muchas veces nuestra valía depende de cómo nos vemos a nosotros mismos. Si no rompemos nuestras barreras, si no traspasamos nuestros límites, si no vencemos los obstáculos, nos quedaremos con la sensación de que no somos capaces de aquello que nos supone un reto y por tanto nos sentiremos insatisfechos con nosotros mismos.

No tendrá confianza en sí mismo. Se habituará a ponerse pegas, excusas, a lamentarse porque pasa A o porque pasa B a su alrededor. Como nunca antes ha intentado hacer las cosas por sí solo, ahora piensa que tampoco lo logrará o tal vez le de miedo intentarlo porque nunca antes lo ha hecho y desconfiará de lo extraño.

Afectará a su desarrollo. Tal vez a ciertas edades sea positivo protegerlos en cierto grado, pero si no cambiamos esa actitud, con el paso de los años se estancará en la vida. Se acostumbrará a que los demás le digan lo que tiene que hacer, a que las personas se inmiscuyan en su vida más de lo debido o va a depender siempre de la persona que tenga al lado.

Vi un caso curioso en internet a cerca de personas daltónicas (no son capaces de distinguir todos los colores que existen). A una empresa se le ocurrió fabricar unas gafas en las que estos individuos las probaban y su reacción al poder ver todos los colores era increíble. El crecimiento personal es igual. Experimentar hasta dónde eres capaz de llegar es como empezar a vivir de nuevo. Aquí dejo el enlace del video que he comentado antes:

https://www.youtube.com/watch?v=Dur4xoSnUdM

“No puedes proteger a las personas a las que quieres del mundo, si no eres capaz de hacerlas sonreír”. I.L.

OLVIDO

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Ya ha pasado el día de los enamorados. Yo personalmente no lo celebro, no me hace ilusión. Para mi san Valentín es todo el año. Sin embargo, me es difícil no ponerme un poco ñoña con el tema del amor por estas fechas. No se porque exactamente, mis encuentros con Valentín suelen ser en Febrero o al menos así han sido hasta ahora.
Me ha venido una frase del poema Nº 20 escrito por Pablo Neruda en que dice “es tan corto el amor y tan largo el olvido”. Me encantan los poemas, los juegos de palabras, las metáforas y las hipérboles, me encanta leer y perderme en otros mundos a través de mi imaginación. Pero en mi experiencia personal no lo comparto. Primero he hecho una breve investigación a cerca de esta palabra.
¿Qué es el olvido? He mirado el significado en la RAE y aparecen dos definiciones que realmente me interesan.
La primera dice: Cesación de la memoria que se tenía.
La segunda dice: Cesación del afecto que se tenía.

En un primer momento, iba a escribir que cómo es posible olvidar a alguien a quien has querido, teniendo en cuenta la primera referencia. Es decir, borrar de tu memoria aquellos momentos tanto agrios como dulces de tu cabeza, como si nuestros impulsos fuesen voluntarios y pudiesen elegir solo aquellos que quisiéramos (si bien es cierto que no queremos tener recuerdos dolorosos, ¿por qué alguien querría borrar los buenos?)

La segunda definición me gusta más, al menos para lo que voy a exponer a continuación. Soy consciente (porque lo he vivido en carne propia) de que a las personas no nos gusta vivir con sentimientos tristes y dolorosos, pero querer deshacerse de ellos es como negar una parte de nosotros mismos. El amor no es para siempre, bueno, el amor romántico. Para crear una relación de pareja hace falta más que amor. Mucho más. Que dos personas se quieran es solo el comienzo. Gustos e intereses similares, querer compartir tiempo, hacer ciertos sacrificios, pensar en el otro y querer crear algo juntos.
¿Así que si alguien a quien queremos no nos quiere como nosotros deseamos /esperamos, por qué olvidarlo? ¿No nos ha dado acaso nada bueno? ¿Por qué olvidar a alguien con quien hemos vivido una bonita historia de amor? ¿Por qué olvidar a alguien que cerró parte de nuestras heridas? ¿Por qué olvidar a alguien que nos dio una oportunidad? No quiero decir que tengamos que aferrarnos a esos recuerdos, a esas personas, pero simplemente dejar que permanezcan en nuestra piel, permitiéndoles ser parte de nosotros. Cada experiencia que vivimos, cada persona que pasa por nuestras vidas deja una huella en nosotros y hace que seamos como somos hoy en día y así como los buenos momentos nos hacen más dulces, los malos nos hacen(o deberían hacernos) más fuertes. Lo que quiero decir es que realmente lo difícil es vivir con los recuerdos de aquellas personas que queremos que sigan a nuestro lado por las emociones y las sensaciones que nos provocan. ¿Qué sentido tendría sino el olvido?

Cuando tenía dieciocho años dije esta frase: “no se olvida a quien se ama, solo se aprende a vivir sin ella”. En ese momento lo dije porque había vivido por primera vez el amor y no era capaz de pasar página. Pero ahora, unos años después, vuelvo a decirlo. He conocido a algunas personas a las que he querido mucho y ahora, por circunstancias, ya no siguen en mi vida. Eso no quiere decir que ya no sean importantes para mí. No he dejado de quererlas, ni de tenerles aprecio, cariño, afecto. Mis sentimientos no han cambiado. Las echo de menos, sí, eso no se puede negar, pero tampoco es que haya detenido mi vida porque ya no estén. No me he hecho un paño de lágrimas y me he puesto a llorar, pensando que el mañana no importa. Se que si algún día las volviera a ver, les volvería a mirar a los ojos con una sonrisa en la boca, sin resentimiento, ni dolor, ni rencor. Ellos han pasado a ser parte de mí.

Si alguien me preguntara qué es para mí el olvido, les contestaría que es indiferencia al pensar en alguien. Ni dolor, ni ira, ni tristeza, ni felicidad, ni amor, ni nostalgia, nada. Es lo que pasa cuando alguien te deja de importar.
¿Qué es para ti el olvido?

FEMINAZIS

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No hubiera escrito sobre este tema sino fuera porque lo consideré oportuno. Cada vez que las mujeres se proclaman feministas siempre hay alguna persona del género opuesto llamándolas feminazis. Si a los machistas se les llama machistas, ¿por qué a las feministas feminazis? De hecho, el término en cuestión es completamente despectivo. ¿Qué tendrá que ver una idea, sentimiento o movimiento que intenta defender los derechos de las mujeres con el nazismo? Partiendo de que la primera intenta conseguir los mismos derechos para las mujeres que para los hombres (derecho al voto, derecho a la educación, a un trabajo y salario dignos, derecho a la sexualidad, control sobre sus cuerpos y a decidir libremente sobre su maternidad…) y esta última es una idea o un movimiento racista en harás de conseguir un mundo mejor donde la raza aria proclama su superioridad, nada.
Si los varones quisieran mostrar su contrariedad por alguna conducta fémina en particular, debería ser el hembrismo. Ya que, aunque el machismo y el feminismo en término pudieran parecer opuestos, lo cierto es que no lo son. Me gustaría pensar que aquellos que no simpatizan con dicha palabra, son los que no diferencian el feminismo del hembrismo o bien desconocen este último concepto.
Me llamó la atención un comentario en particular que leí acerca de un artículo que criticaba los consejos que se daban a las mujeres en el Cosmopolitan acerca de qué debían hacer para mantener una relación. Según el comentarista, que era hombre, las mujeres defendemos el feminismo porque nos conviene, es decir, solo en aquellos aspectos que nos beneficia. El artículo hablaba de que la mujer en la relación debía tener pequeños detalles con la pareja y no tan pequeños también.

Aquí dejo el link para tener una idea de lo que estoy hablando:

La Cosmo nos aconseja ser unas perras sumisas

Por ejemplo, decía que lo defendemos en cuanto a que nosotras somos puras víctimas y ellos son violadores y/o agresores o que el sistema del patriarcado nos beneficia en cuanto a que no solemos dar el primer paso, siempre dejamos que nos paguen las consumiciones, las, comidas y/o cenas, etc. No pedimos el número de teléfono de los hombres y por tanto, ellos no se ríen de nosotras ni tenemos miedo a que no nos llamen. En resumidas cuentas, no tenemos el miedo a ser humilladas o rechazadas.
Deduzco que este hombre no tiene ni idea de lo que es el feminismo. La conducta que él describe a cerca del ligoteo o más finamente llamado seducción, es machista, fruto del patriarcado. Donde la mujer posa como una bella y delicada flor esperando a ser cautivada por un hombre con el propósito de entablar una relación duradera para después casarse y tener hijos. El hombre es un príncipe donde rescata a la damisela de su soltería y le da una familia y un hogar mientras ella se dedica a las tareas domésticas y a los cuidados de sus seres queridos.
En primer lugar, si una mujer rechaza a un hombre o no pone interés en él, ¿significa que le está humillando? Si es así, es porque tiene un concepto muy pobre de si mismo. En el momento en que se intenta seducir a otra persona se sabe de antemano que existe el riesgo de ser rechazado. Si fuera tan fácil no se escribiría tanto sobre el tema.
Si para conquistar a una mujer se le tienen que pagar todos los gastos hay algo que no se está haciendo bien. Si se pretende conquistar a una mujer haciéndose cargo de todos sus gastos, se la está comprando.
En segundo lugar, espero por el bien de muchos que no piensen que realmente cuando a una mujer no le interesa un hombre que intenta seducirla se ríe de él pensando que es un pobre miserable y ella se siente como diosa del Olimpo, ni mucho menos. Eso no se acerca a la realidad.
Haber tenido experiencias nefastas con un reducido grupo de personas no significa que el mundo se ciña a ellas.

Lo que los hombres como él no saben es como se siente una mujer cuando cobra menos por hacer el mismo trabajo. Como se siente una mujer cuando no tiene las mismas oportunidades de trabajo que un hombre teniendo mismos estudios y calificaciones similares. Como se siente una mujer cuando se siente rechazada por no cumplir con los estereotipos sociales: pelo, rostro y uñas impecables. Sin arrugas, piel tersa y joven, apariencia juvenil (pelo teñido). Preferiblemente bien vestida (no unos vaqueros y una camiseta) y dentro de unas tallas estandarizadas (que en caso de no tenerla, no queda otro remedio que ir a tiendas especializadas). Como se siente una mujer que es juzgada por la ropa que lleva: si enseña por exceso es porque no se respeta y si no enseña nada es que es inaccesible. Como se siente una mujer que se le clasifica por su libertad sexual: si disfruta de ella es que no es digna para relaciones duraderas y la que no disfruta no despierta interés. Como se siente una mujer cuando se le valora por su apariencia más que por su inteligencia. Como las leyes eligen por ella sobre su maternidad. Donde muchas veces la maternidad y una carrera profesional no son compatibles. Como se siente una mujer cuando un hombre no acepta su no por respuesta y sigue acechándola. Como requiere de acciones legales contra él para que la deje en paz. Como siente miedo por su vida.

No creo que las personas puedan entender eso sin haberlo vivido.