RELACIONES FELICES

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Después de estar hablando tanto sobre problemas de pareja, en este post voy a hablar sobre como se puede lograr tener una relación sentimental feliz o al menos más satisfactoria con otra persona.

1. Reciprocidad. Puedes tener una relación con una persona casada, con una persona que ya tenga pareja, pero si realmente están enamorados/as de su pareja lo único que vas a conseguir es lastimarte. Cuando dos personas se atraen, se gustan, se desean las relaciones se simplifican un montón.

2. Compatibilidad. Dicen que los polos opuestos se atraen, pero a la larga es difícil mantener una relación así. Imagina que a uno le gusta la montaña, a otra el mar. A uno le gustan los deportes de riesgo y otro practica yoga. A uno le gustan las grandes ciudades y al otro los pueblos pequeños. Uno es ecologista y ahorrador, mientras que el otro es materialista y derrochador y así sucesivamente. Si tienen gustos afines se pueden ahorrar mucho esfuerzo y energías en discusiones o para llegar a acuerdos.

3. Realismo. La gente a los dos o tres meses de conocer a alguien se ilusiona y se piensa que realmente conoce bien a otra persona. Pero para eso realmente se necesita tiempo. Saber las relaciones de tipo familiar, amistoso, de trabajo, su pasión, sus aficiones, sus gustos, como lleva el estrés, la convivencia… todo requiere su tiempo.

4. Aburrimiento. Algunas personas una vez que han conseguido un trabajo estable o se han independizado no saben que hacer con sus vidas. Me refiero a disfrutar del tiempo libre y a veces queriendo o a veces sin querer buscan emociones en una relación. No quiero decir que el hecho de querer tener pareja estable quiera decir que una persona se aburra ni mucho menos. Me refiero que en vez de disfrutar de la vida con cosas que a ellos les gustan, su pasión, sus amistades, centran su vida en buscar una pareja.

5. Sinceridad. Sea cual sea la relación que tengas, lo más importante es que te muestres como eres. Con esto no quiero decir que tengas que contarle toda tu vida o todos los detalles de tu existencia, sino que más bien seas sincero/a en cuanto a que esperas de la relación. Si quieres tener hijos o no, si quieres tener mascota o no, si quieres una relación seria o no, tienes que decirlo y actuar acorde a lo que esperas. Otra cosa es que al final las cosas se acaben “complicando” y encuentres algo que no esperabas encontrar (en lo referente a otra persona).

6. Fiabilidad. Si descubres algo oscuro del pasado de tu pareja (y no me refiero a si estuvo con 40 en vez de 20 o cosas así), piensa realmente en si te lo puede hacer a ti también. Estamos hablando de infidelidad, de control, de dominio, celos… cosas realmente importantes.

7. Poder. Aquí se vendría a aplicar lo que escribí en el post de poder. Para llegar a acuerdos no te sacrifiques, pacta. Si un día cedes tú, que el siguiente lo haga él/ella. Si cedes le estás dando el poder a tu pareja para que la relación sea como él/ella quiere, te sometes y eso va a ir a más.

8. Valor. Tener una relación que nos haga feliz es accesible para todos. Tal vez no te hayas encontrado con esa persona que realmente te llene pero cualquier persona puede conseguirlo y tú no eres menos. Así que piensa que eres igual de bueno que los demás, igual de bueno que tu pareja y se feliz.

9. Felicidad. Si realmente tu pareja o la relación no te hace feliz, no te lleva a ninguna parte, no te hace crecer ni saca lo mejor de ti, tal vez debas plantearte dejarlo y buscar otra persona u otra relación que realmente te merezca.

parejas felices

“No temas sentir, pues cuando menos te lo esperas llega alguien que sana todas las heridas de tu orazón.” I.L.

 

RELACIONES DIFÍCILES

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Además de los grande cinco problemas que destruyen las relaciones sobre los que he escrito anteriormente, existen otro tipo de personas u otro tipo de problemas, que si bien no destruyen las relaciones tanto como las anteriores, las deterioran y hacen que las personas que se embarcan en relaciones sentimentales con esta clase de personas sufran mucho.

1. Cariño. Las personas poco cariñosas no ayudan mucho a las relaciones. No me refiero a que no sea una persona que no te bese, toque, o abrace constantemente, ya que hay personas más o menos cariñosas y así como tú puedes ser más cercano, tu pareja puede que sea más seria, más fría o más rígida. Me refiero a que no hace muestras de cariño en público: cogerte de la mano, abrazarte, besarte…Pero hay que tener cuidado, puede que al principio a tu pareja le cueste mostrarse cariñosa porque tal vez necesite tiempo para acomodarse, acostumbrarse a ti o sentirse cómodo/a contigo.

2. Sinceridad. Tu pareja tiene que ser capaz de comunicarse contigo adecuadamente. Tiene que saber pedirte algo cuando lo necesite (no me refiero a cosas materiales), criticarte constructivamente e incluso saber discutir sin gritarte, insultarte o faltarte el respeto. Tienes que fijarte también como habla de los demás. Imagínate que no para de criticar a alguien y luego le trata como si fuese su amigo/a del alma. Piensa que si hace eso con una persona contigo puede hacer lo mismo por mucho que seas su pareja.

3. Autoestima. Las personas cuando se sientas más cómodas o más a gusto con alguien, es cuando esa otra persona está a gusto consigo misma, ya que no necesita aparentar ser nada. No necesita ser el centro de atención, demostrar nada. Piensa en aquellas personas que alardean de sus logros, que se creen mejores que los demás por el mero echo de creérselo (o sea, porque sí). Personas que se meten con los demás (verbal o físicamente), personas que presumen de su físico, de su número de contactos en las redes sociales, de su coeficiente intelectual… todo por quedar bien. Su valía depende de los demás en vez de depender de sí mismo.

4. Actitud. No hay nada mejor que rodearse de personas positivas en esta vida. Los estados de humor son tan contagiosos como los virus, así que, que mejor que cuando te encuentres con personas te recargues las pilas riéndote, sonriendo, teniendo una conversación agradable, disfrutando de las pequeñas cosas de la vida. Si alguien no para de quejarse, si siempre está distraído con preocupaciones, o pendiente de los triunfos de los demás, créeme que esa nube gris que tiene sobre su cabeza va a acabar encima de la tuya.

5. Estrés. Si reacciona mal ante el estrés, tendrás que estar siempre pendiente de su humor, ya que sus gritos, sus enfados, o sus distanciamientos se convertirán en algo cotidiano y no podrás hacer nada por cambiarlo, ya que es algo que forma parte de su personalidad.

6. Adicción. Existen diferentes tipos de adicción. Piensa en los alcohólicos, porreros, cocainómanos, ludópatas, adictos al trabajo, al sexo… no importa. Tendrás que competir con su adicción. Será tu peor rival. Le quitará tiempo, atención, en algunos casos como la ludopatía el dinero también.

7. Estereotipos. Las personas que ven el mundo “etiquetado” van a ser tu pesadilla si quieres crecer. Si eres heterosexual y mujer, imagínate estar con un machista que piensa que sólo sirves para limpiar la casa. Si eres homosexual y mujer, imagina que tu pareja quiere que seas muy poco femenina, como un camionero (físicamente hablando). Si eres homosexual y hombre, imagina que tu pareja quiere que seas muy femenino. Las etiquetas no sirven para nada, más que para complicar la existencia y hacer a la gente más infeliz.

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“Las relaciones son más fáciles si sabemos a donde queremos llegar”.  I.L.

INFIDELIDAD

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La infidelidad es una de las razones más fuertes por las que se rompen las relaciones. Muchas veces porque se pierde la confianza, porque nos sentimos traicionados o porque pensamos que una infidelidad es falta de amor, aunque no siempre es así. Puede haber varias razones por las que una de las partes o ambas sean infieles:

 1. Miedo a la soledad. Son personas que no se ven a sí mismas sin pareja y prefieren estar con alguien a quien no quieren que estar sin nadie. Son personas emocionalmente dependientes. Al no querer a la pareja, buscan esa emoción fuera de la relación. Es decir, la seguridad que les aporta estar con alguien lo encuentran en la pareja, pero al no sentir amor, lo buscan con otras relaciones.

 2. Falta de madurez. Algunas personas no están preparadas para comprometerse, para mantener una relación seria, no están preparadas para la monogamia. Quieren ser libres y hacer lo que quieren, cuando quieren, donde quieren y con quien quieren, pero también quieren una persona con quien compartir cosas, es decir, realmente no saben lo que quieren puesto que quieren dos cosas opuestas a la vez.

 3. Amor al romanticismo. No tienen una idea real del amor, no están enamorados de la otra persona si no del concepto que tienen ellos del amor. Es decir, tienen el amor idealizado, más que nada, porque nuestra sociedad no hace más que emitir películas, escribir libros o historias en el que lo es o todo o nada. Romeo y Julieta, Shakespeare in love, Destino de caballero entre otros. Pero el amor no es eso, el amor consta de respeto, confianza, cariño y apego. Esa pasión, esa entrega sólo se da en la ficción, o como mucho, al principio de la relación, en la etapa del enamoramiento.

 4. La monotonía. Cuando la relación se estanca, puede surgir el aburrimiento, la pereza, la desgana, la nostalgia y que aparezca la búsqueda de la pasión, de la emoción que no nos aporta nuestra pareja en otra persona. Pero es que las relaciones no funcionan bien por sí solas, hay que trabajarlas. Todo cambia con pequeñas muestras de cariño, de detalles, sorpresas… solo hay que echarle un poco de imaginación.

 Da igual cual sea la razón de la infidelidad, lo cierto es que no tiene ni justificación ni una excusa. Cuando somos infieles a nuestra pareja, le faltamos el respeto, herimos sus sentimientos y dañamos la confianza que tiene en nosotros. Cuando le contamos a nuestra pareja nuestra hazaña, puede perdonarnos o no, olvidarlo y seguir o bien cortar la relación. Algunas personas no se lo dicen por el miedo que les provoca el abandono, pero entonces deberíamos pensar en las mentiras o la ocultación de información.

 ¿Es mejor decírselo o no? Ahí está la gran pregunta. Cada uno verá lo que hace, pero si no hemos sido fiel a nuestra pareja, no se lo decimos y acaba por descubrirlo ahí ya no habrá marcha atrás. Lo mejor es serle fiel y para eso se necesita comunicación. Por ejemplo, si no sabes bien que es lo que quieres o si la relación está en un punto muerto, se puede prevenir esta situación. Sin embargo, si tememos a la soledad o si tenemos una idea fantasiosa acerca del amor, tendremos que echarnos un vistazo interior.

 ¿Estamos siendo egoístas? ¿Queremos a nuestra pareja? ¿Estamos siendo justos? ¿Se lo merece? ¿Estamos siendo realistas? ¿Vivimos en un mundo de fantasía? ¿Damos en la relación lo mismo que esperamos recibir? Tal vez sea hora de tomarnos un tiempo y reflexionar sobre lo que estamos haciendo. Tal vez sea hora de afrontar nuestro miedo a la soledad, tal vez sea hora de madurar, hora de empezar a ser realistas sobre lo que esperamos de una relación, de nuestra pareja, hora de preguntarnos si tenemos lo que queremos de una relación y si damos lo mismo que queremos recibir.

infiel

“Más vale sonreir por lo que es y no llorar por lo que fue.” I.L.

 

 

DOMINIO

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Algunas personas creen que la única manera de conseguir cosas de los demás es a través de la manipulación. Aunque la mayoría use la educación, buenos modales, cortesía o una especie de intercambio de favores, no siempre las personas escogen este camino. A veces es difícil saber si alguien nos manipula a su antojo o no, porque algunas personas lo hacen tan sutilmente que resulta ser casi imperceptible. A continuación os daré unas pautas para saber si alguien os está usando para conseguir sus fines:

 Son personas muy egoístas. Ellos piensan que los medios justifican los fines. No entraré en casos extremos, porque entonces me metería en aguas profundas porque es gente que ya va encaminada hacia la delincuencia. Yo me voy a centrar en casos cotidianos. Un ejemplo podría ser que tú quedes con alguien y al final te desplanté o te de largas y después no se disculpe, otro sería la de gente que te pide favores pero después cuando tú necesitas un favor ellos te den la espalda, también el de gente que te pide dinero prestado y no te lo devuelve… en fin, se pueden dar muchos casos.

 Piensan que por ser como son los tienes que tratar como si fuesen especiales. Siempre tienes que estar disponible para ellos, tienes que hacerles favores, tienes que ceder cuando ellos quieren… vamos, que lo que importan son sus necesidades o sus deseos pero los tuyos no importan, o no al menos, tanto como los de ellos/ellas. En el momento que sienten que tú no los tratas como se supone que se lo merecen, entonces es cuando empiezan con la manipulación.

 Lo peor no es eso. Lo peor es que lo hacen de la manera más ruin posible. Ellos saben tus debilidades y ahí es donde te atacan, donde más te duele. Tus debilidades pueden ser tu timidez, tu pudor, tus inseguridades, falta de confianza, complejo de inferioridad o cualquier miedo o reto que te suponga un gran esfuerzo. Así es como ellos intentan darte una lección, dejándote en circunstancias que te suponen una desventaja en que necesites de su ayuda o un empujoncito suyo. Intentan que tú dependas de ellos, en vez de hacer que crezcas.

 Otra de las maneras en que intentan mostrar su poder es a través del chantaje emocional. La formulación de la frase sería algo así:

-¿…? (Te preguntan si deseas hacer el plan que ellos habían previsto, si les puedes hacer un favor o si tú pensabas hacer algo en concreto).

– Pues si tú no… yo no…

Sería una condición negativa, o bien puede ser positiva:

-Si tú… yo…

El fin último es que tú hagas algo que ellos quieren que tú hagas, pero el requisito es que primero cumplas tú con tu parte, luego si él/ella no lo cumple es otra cuestión.

 A veces incluso pueden intentar competir contigo, aunque desconozco el fin. Es como si ellos pensarán que al no ser dignos de ellos/ellas, te intentaran demostrar que son mejor que tú, que son más fuertes o que no les puedes ganar. Intentan mostrar su superioridad con esta clase de actitud. O sea, no ven la realidad tal y como es. No piensan en tus necesidades, en tus deseos y cuando no cedes por ellos se lo toman como una ofensa personal, en vez de intentar verte como una persona autónoma e independiente.

 Puedes remediar estas relaciones de tres maneras:

1) Habla con él/ella explicándole como te sientes, que es lo que no te gusta que haya hecho o dicho y que esperas de él/ella. (Personalmente yo lo he intentando y no ha funcionado, espero que los que intenten tengan más suerte). Si no te da resultado prueba con las siguientes 2 opciones.

2) Cambia la relación. Lo digo porque tal vez sea alguien que quieres o al que le tienes mucho cariño y separarte totalmente de esa persona te produzca pena o tristeza. Pon distancias para que esa persona no te haga daño de nuevo.

3) Si esa persona te amarga tu vida, te pone de mala gana, si te produce más tristezas, penas, enfados, cabreos o decepciones que alegrías o felicidad, corta por lo sano. Ya aparecerá alguien en tu vida que valore tu amor.

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“El amor verdadero hacia alguien se manifiesta en el deseo de que sea feliz.” I.L.

 

 

POSESIÓN

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La posesión es uno de los sentimientos más egoístas del ser humano. Parte de la idea de que otra u otras personas que conforman el tejido social de nuestra vida cotidiana es algo nuestro, de nuestro dominio y por lo tanto, no lo valoramos como un sujeto independiente con ideas, sentimientos, valores propios. Esto se puede dar tanto en relaciones amorosas como de amistad, pero me quiero centrar en las de pareja porque es donde más he vivido esta situación.

Este sentimiento de posesión se manifiesta de manera de control. Quiero decir, intentamos controlar la vida de esa persona a la que deseamos poseer. Este acto se puede cometer a distintos niveles, desde niveles aceptables hasta enfermizos.

En los niveles aceptables se trata más bien de saber acerca de la otra persona: si ha hecho planes o si no, donde está o bien con quien. Cuando digo niveles aceptables, me refiero a que sentimos esa curiosidad de saber que es lo que hace esa persona con su vida, pero no por desconfianza, sino por el mero hecho de saber. Cuando sabemos donde está, con quién o que está haciendo, no empezamos a hacernos películas en la cabeza sobre si nos traiciona, si se aleja de nosotros o si de si nos quiere o no. Tampoco se nos viene a la cabeza la idea de ir donde está esa persona con el fin de verificar nuestras sospechas.

Los niveles enfermizos son más concentrados, aquí no intentamos controlarlo, aquí ya estamos acosándolo a distintos niveles. Es como si quisiéramos saber a cada rato que es lo que está haciendo la otra persona. Pongamos por ejemplo que nuestra pareja ha hecho planes. ¿Te imaginas que estés en una reunión con amigos y que tu pareja te esté llamando a cada rato para saber qué tal va la fiesta, con quién estás hablando o si ya te has marchado para casa?

Si seguimos con el acoso, otro ejemplo sería el de saber el nombre de todos tus amigos, que relación tienes con ellos y las cuentas de las redes sociales, el número de móvil o bien la dirección. En caso de que estés con uno de ellos, demos por hecho que el/ella te llama y no le coges o le mandas un mensaje y no le respondes, podría usar estas fuentes de información para saber a cerca de tu paradero y en el peor de los casos irrumpir en él y reprochártelo en cara montando una escena.

Otro caso muy frecuente de acoso, se da en el caso de que tu pareja tenga la “necesidad” de mirar tu móvil, tu correo o las cuentas de las redes sociales. Concluyendo, en vez de que vuestra relación se base en la confianza, tu pareja es más bien como un detective privado que no para de desconfiar de ti aunque no le des razones para hacerlo. Bien podría ser un problema de confianza en ti, o bien podría estar reflejando sus propios problemas o sus propias inseguridades en ti.

En los casos más extremos, nos hallamos frente a una patología, ya que a la mínima suposición de infidelidad, ya somos culpables aún sin serlo. Pero lo peor no es eso, sino que las escenas se convierten en humillaciones, aberraciones, insultos y desprecios. Aunque en este caso ya no estamos hablando de amor, sino de intentar conservar nuestro ego, de mostrar que somos más fuertes, ser superiores.

Una de las bases más importantes de una relación es la confianza. No me refiero solo a la confianza respecto a la fidelidad, sino en cuestiones económicas, personales, íntimas. Estar con alguien que duda de nosotros constantemente es agotador, no solo para el que duda, sino también para el que es cuestionado porque tiene que estar demostrándole a la pareja todo el tiempo que no tiene motivos para desconfiar. Tiene que estar todo el rato dando explicaciones de con quién queda, dónde, cuándo y para qué, de qué hablan, qué han hecho. Tiene que convencerle todo el rato sobre su amor, su cariño, su afecto, su apego… sobre todo. No se me ocurre peor manera de consumir una relación que ésta.

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“Cuando aplastas los sentimientos de otra persona, el ego se convierte en soberbia”. I.L.

MADUREZ

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Existen dos tipos de madurez. La primera es madurez psicológica, que deriva en aceptar responsabilidades de índole digamos profesional: acabar los estudios, buscar un trabajo, independizarse…Por otro lado, tenemos la madurez emocional, que se centra básicamente en relaciones personales o sentimentales. En este post me quiero centrar en la madurez emocional, ya que mi blog está centrado más que nada en el lado emocional y va a seguir ese camino.

La falta de madurez en una relación implica falta de compromiso y falta de implicación en la misma. Con falta de compromiso no me refiero a un acto en concreto, como por ejemplo, el casamiento, sino más bien en el estancamiento de la relación. Por ejemplo, que en las responsabilidades referidas a la pareja, cada uno tome parte activamente de cumplir con su parte. Puede ser desde las tareas de casa hasta el pago de las facturas. Cuando hablo de implicación, me refiero a que una relación necesita comunicación, sinceridad, responsabilidad… vaya, toda una lista de emociones recíprocas. Sin esos dos ingredientes es imposible que una relación funcione bien.

 Se puede dar el caso de que las dos partes sean emocionalmente maduras pero psicológicamente una sí y la otra no. Pongamos el ejemplo: una parte tiene trabajo, tiene ingresos mensuales, está independizada… la otra parte, por el contrario, no se encarga de su vida, es decir, no se preocupa de estudiar, ni de trabajar ni de nada. Esa relación no va a funcionar hasta que la otra parte se preocupe de su vida, ya que en algún momento una parte se cansará de ser el “responsable” de la pareja y de asumir todas las preocupaciones.

 Se puede dar el caso de que las dos partes sean emocionalmente maduras, pero ninguno de ellos haya madurado psicológicamente. Tal vez cuando las dos personas sean jóvenes funcione, pero a medida que van creciendo, como ninguno querrá responsabilizarse de su vida, estudiar, trabajar o lo que sea, es difícil que puedan construir una vida conjunta.

 Cuando las dos partes son psicológicamente maduras pero una de ellas es emocionalmente inmadura, la parte madura sentirá que trata con un niño/a o con un/a adolescente, porque no encontrará en el/la otro/a el apoyo emocional que necesita. No sabrá escucharle, o como ayudarle, tal vez no sea empático/a y probablemente le de más problemas, ya que tal vez no sepa ni lo que quiere, ni lo que espera de la relación, ni donde está, ni a donde va y haga de sus problemas un drama.

 Cuando las dos partes son emocionalmente inmaduras, siendo las dos psicológicamente maduras, la relación no va a llegar a ningún lado porque estaremos frente a dos personalidades incompletas, subdesarrolladas. Ninguno de los dos sabrá que quiere hacer con su vida, que quiere conseguir en la vida, que espera o que quiere de la otra persona ni de la relación.

 La última suposición la basaremos en que una de las partes es una persona tanto psicológica como emocionalmente madura y la otra parte es tanto psicológica como emocionalmente inmadura. Todo depende del grado de inmadurez o madurez de las dos personas implicadas, pero sería como si una persona adulta saliera con un niño. Imaginaros la situación, pero no físicamente, sino a nivel emocional. Imagina tener que decirle a tu pareja que es lo que tiene que hacer, cuando lo tiene que hacer, donde lo tiene que hacer o como lo tiene que hacer, sería una relación caótica. O imaginémonos que tu pareja te esté pidiendo todo el día tu atención, imagínate que no se responsabilice de nada, imagina que al mínimo obstáculo que se interponga entre él/ella y lo que el/ella quiere y te pidiera ayuda o hiciera un drama. En resumidas cuentas, tendrías que parar tu vida para atender a la de tu pareja. Es decir, tu vida dependería de la vida de tu pareja y eso no es vida.

Por eso dicen que una pareja no trae la felicidad, que hasta que tú no seas feliz no encontrarás pareja que funcione. Tienes que madurar, responsabilizarte, encontrar cual es tu pasión, tu vocación, realizar tus sueños y perseguir tus objetivos. Cuando puedas ser feliz contigo mismo, entonces podrás encontrar una persona que te haga más feliz, que te complete, que te llene de verdad.

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“Enamorarte no significa ser feliz, eso depende de cada uno.” I.L.

CELOS

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Todos sentimos celos alguna vez. Algunos dicen que nunca han sentido celos, pero eso es como decir que nunca has querido o amado a alguien. Tal vez esta última afirmación sea un poco extremista pero así es como pienso. Creo que cuando la gente dice que no siente celos, se refiere a los malos celos. Existen los celos buenos y los celos malos. Sí, ya se que hoy en día los celos se consideran algo meramente negativo, pero también es porque sólo se les da un único enfoque. Además, se reducen exclusivamente a las relaciones amorosas, cuando en realidad se extiende a todo tipo de relaciones, de amistad y familiares también.

 Diremos que los celos son malos, cuando tiene las siguientes características.

1. Son celos enfundados, no tienen una base real. Me refiero a que en vez de tener la certeza o las pruebas que corroboran nuestras sospechas, el pensamiento de que esa persona a la que queremos nos “traiciona” es obsesivo. En ese caso, cada vez que se da la situación de una traición simulada (digo simulada, en el sentido de que podría pasar, es decir, si tú piensas que tu pareja te es infiel con una persona de tu mismo sexo, cada vez que tu pareja hable, ría o se relacione con alguien de tu mismo sexo sería una situación simulada), la persona celosa enferma de celos estallando con enfado, ira o rabia y hace que su pareja no pueda hacer una vida normal.

 2. Cuando los celos se convierten en un sentimiento de posesión de la otra persona. Cuando nosotros pensamos que la otra persona es nuestra, o sea cuando pensamos en “mi…” y lo tratamos como si fuera un objeto de nuestra propiedad y no en otra persona independiente con la que compartimos tiempo, recuerdos, experiencias. Entonces la relación se vuelve posesiva, donde la otra persona no tiene derecho a compartir el tiempo con otros amigos, amigas, familiares o quien sea con quien quiera pasarlo que no sea con nosotros. En conclusión, cuando intentas controlar a tu pareja.

 3. Cuando los celos parten de una inseguridad en nosotros mismos y por lo tanto, en la relación. A veces, cuando se da la situación de que nuestra pareja o amigo/a conoce a otra persona con la que se lleva bien, con la que comparte tiempo o hacen algo en común, directamente la percibimos como si fuese una amenaza. La base de este sentimiento, se basa en que creemos que esa otra persona le da algo que nosotros no le damos, o que vale más que nosotros o que es mejor que nosotros y al tener esos sentimientos, estamos cuestionando nuestra relación, porque dudamos de nuestra capacidad para hacer feliz a la persona a quien tememos perder.

 Diremos que los celos son buenos, cuando cumplen las siguientes características:

1. Nos sentimos tristes ante la amenaza de pérdida de esa persona a quien queremos o amamos. Esa persona con la que nos sentimos tan bien, esa persona que nos llena, que nos hace ser mejores personas, que nos da seguridad sin la que no podemos o no queremos estar. Al sentir esos celos, nuestras emociones hacia esa persona se intensifican, se hacen más grandes y eso nos da fuerzas para mejorar nuestra relación con ella y nos da más ganas de luchar por ella. Alimentamos nuestro amor, no nuestro ego.

 2. Cuando sentimos celos, nos preguntamos el por qué. Nos preguntamos si tenemos pruebas, o si nuestras sospechas son certeras y no se trata de que nuestra imaginación no haya sido justa. Buscamos la verdad, la realidad, y en esa búsqueda nos podemos encontrar en que estamos proyectando nuestros propios problemas en nuestra pareja, en vez de enfrentarnos nosotros a ellas. Eso hará que nos conozcamos mejor, conozcamos nuestras debilidades y nuestra confianza en nosotros mismos aumente, por lo que eso ayudará a mejorar la relación.

 3. Son celos positivos, cuando aceptamos a la otra persona como nuestra pareja. Cuando le reconocemos el derecho de hacer cosas que nosotros no queremos con otras personas que sí quieren, o cuando comparte tiempo o actividades con otras personas que no seamos nosotros, aunque nos moleste, pero sabiendo que nosotros también lo hacemos. Le reconocemos como una persona independiente y autónoma, como la otra parte de la relación. Exigimos libertad al igual que la concedemos.

 Si partimos de la idea de que una relación está compuesta por dos personas, cada una con sus gustos, sus sentimientos, sus pensamientos, sus amigos y su trabajo, entenderemos que una relación no consiste en que funcione como nosotros queremos, sino que es un constante contraste de fuerzas en el que se trata de conseguir una armonía en el que cada uno por separado pueda ser uno mismo y cuando son pareja sean ellos, mejor que la suma de los dos por separado.

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“Los celos son un arrebato primario de amor.” I.L.