RECOGNITION BLOG AWARD

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Como pasa el tiempo, tan rápido que casi me dan ganas de ir corriendo tras él para alcanzarlo.

¡Hemos llegado a los 3 AÑOS escribiendo en este blog, tres años! Casi nada. Eso sí, lo celebramos con una nominación por parte de poli10blog

¡Muchas gracias por la nominación!

Ahora menciono las reglas:

  • Agradecer al que te nomino e incrustar un enlace a su blog.
  • Compartir cómo comenzó el blog.
  • Dar un poco de consejos que los nuevos bloggers pueden llevar.
  • Seleccionar quince otros blogs que usted piensa que realmente se merece el premio.
  • Visita los blogs que nominado y hacerles saber.

¿Como comenzó el blog?

Buena pregunta, justo a tiempo. Recuerdo como empecé la presentación de mi blog en un proyecto reciente en el que participé con una frase del tipo “Quiero comenzar mi presentación con una frase de la teoría del caos que viene a decir que el batir de las alas de una mariposa se puede sentir al otro lado del mundo”. Pienso yo, ¿qué pasaría si quisieras dejar tu huella a lo largo y a lo ancho de todo el planeta? ¿Y si unos pequeños gestos pudieran empezar un cambio? ¿Y si ese comienzo realmente nos acercara a otra realidad? ¿Y si…?

¿Un consejo?

¿Quién soy yo para dar consejos? Si alguna vez leéis manuales, algun ebook o veis tutoriales etc. sobre cómo EMPEZAR o sobre cómo NO hay que empezar… Bueno, yo creo que en su época seguí el segundo camino. Lo curioso del asunto es que estos tres años he descubierto una de mis grandes pasiones. Nunca sabes a dónde te llevarán tus sueños.

Ahora sí, vamos con las 15 nominaciones.

Zoraida Sánchez Mateos

Gema Albornoz

lascronicasdelotromundo

byluis7

Neurin Sc

anna

labrujulablogblog

Ernesto Capuani

encuentratuvoz

Brenda R.

Cafés para el alma

escritoreschilenosblog

wanderlustjessy

cat actitud.

Donovan Rocester

Ya para despedir: ¡Bon voyage!

EL TIEMPO

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El sol avanza hacia el oeste, lento. La luna empieza a asomarse en el cielo. Ambas coinciden al menos una vez en 24 horas. Uno para despedirse del día y otro para dar la bienvenida  a la noche.  Los relojes nos dejan  un sonido agudo para advertirnos del paso del tiempo. Cronometran los ritmos de los astros a cada segundo, para hacernos cómplices de su autoridad.

Ese sentimiento de que el tiempo nos persigue y va delimitando la cuenta atrás de nuestros días. Narra las historias de cada uno de nosotros cual espectador, viendo nuestras derrotas, nuestras victorias, nuestras alegrías y nuestros llantos. Está tan apacible ahí, cruzando nuestras vidas con las de otras personas. Va aumentando o delimitando nuestras capacidades, nuestras emociones, nuestras aptitudes o nuestros conocimientos. Se hace dueño de nuestras vidas.

A veces nos cierra puertas, nos abre ventanas, abre nuestras posibilidades y cierra nuestras expectativas. Hace que divaguemos por él sin rumbo, nos  muestra miles de caminos, pone a prueba nuestras decisiones. Nos pone miles de dificultades y obstáculos que superar. A veces nos proporciona recompensas. Nos pone una delicia en la boca y nos la quita sin miramientos para darnos cuenta de lo que queremos o de lo que merecemos. Juega con cada uno de nosotros, autoritario, expectante, poniéndonos a todos la misma condición: vivir un viaje sin retorno.

el tiempo

El paso del tiempo

INOCENCIA

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Inocencia. Dícese de ese carácter o rasgo que caracteriza a un ser por el que existe falta de malicia, mala intención o picardía.

La primera vez que me enamoré de este rasgo fue cuando me crucé con dos galaxias abiertas a mí de par en par, un mundo abierto ante mí, una mirada pura, cándida, cristalina. Una mirada sin prejuicios, filtros ni sentencias. Fue un encuentro casual en plena calle. Un ángel se paró ante mí. Me miró a los ojos y me ofreció lo que en aquel momento debió de ser su juguete favorito. Desde entonces me he cruzado un número limitado de veces con otros ángeles de cabello dorado y ojos del color del cielo. En cada ocasión he sentido como un momento se volvía eterno.  Un cruce de miradas, una lectura del alma, una sonrisa abierta. Una conversación sin palabras, un diálogo mudo, todo reducido al lenguaje universal. Una maravilla.

Cuando te encuentras con una mirada que irradia luz, energía, alegría con ese brillo que te cala y te contagia haciéndote sonreír como cuando eras niño, cuando no tiene barreras para conectarse contigo, ese momento se vuelve casi mágico. Las emociones se contagian. Las palabras hieren o reconfortan, un abrazo cura males pero sin embargo, lo que realmente cura un alma rota es la risa.

El placer de reír a carcajada limpia. Llorar de risa. No sentir vergüenza. No preocuparse por lo que pensarán de ti los demás. Jugar, experimentar con la comida.  Gozar de cada uno de los sentidos. Tumbarse en la hierba en el atardecer y respirar despacio.  Saltar en los charcos de agua, empaparse bajo la lluvia. No preocuparse por el paso del tiempo y disfrutar de cada momento. Vivir la vida desde la perspectiva de un niño.

Definitivamente, la inocencia es un don que no deberíamos perder nunca, disfrútala.

inocencia

PUESTA EN ESCENA

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Tres, dos, uno… Probando, probando.

Momento crucial en el que sales al escenario. Estás ahí, de pie, en frente de un público que espera con entusiasmo y con cierta curiosidad tu puesta en escena. Notas como los papeles que tienes en mano están envueltos en forma de cono, como tu mano tiembla de nerviosismo además de que tu voz no sale de una manera firme y segura. Es ahí donde el miedo escénico hace su entrada.

Estás tan concentrado en ese momento, en la manera tan insegura en el que se refleja tu cuerpo y tu expresión que no te paras a pensar en cómo tu mente está jugando contigo. Quieres causar tan buena impresión, quieres hacer tan bien la exposición que ni siquiera eres consciente de que los demás ya notan tu nerviosismo.

Antes de entrar en escena, mucho antes incluso, ya han salido todas tus preocupaciones a la luz. ¿Qué impresión causaré en los demás? ¿Se me olvidará algo? ¿Les gustará mi presentación? ¿Será aburrido o entretenido? ¿Cómo me juzgarán? ¿Me criticarán? ¿Haré el ridículo? ¿Se reirán de mí? Mientras todos estos pensamientos empiezan a revolotear, tu cuerpo ya se ha puesto tenso, tu estómago se ha cerrado y tu pulso se ha ido incrementando.

Ya no hay vuelta atrás. Te has puesto en el peor escenario posible, le has dicho a tu cuerpo a través de tus pensamientos que no vas a hacer bien la presentación. Le has dicho que se te olvidará algo, que harás algo mal, que quedarás en evidencia, que a los demás no les gustará o que tu público será el más estricto y severo de los jueces.

Es posible que tu presentación no salga perfecto, que te equivoques en alguna cosa, que se te olvide algo, que tu audiencia se aburra o que la exposición que hagas no sea completamente de su agrado. El problema consiste en que no puedes controlar lo que los demás piensan de ti ni tampoco puedes pretender ser perfecto. ¿Pero acaso no pasa eso el resto de los días del año cada vez que interactúas con alguien? ¿Quiero decir, cada vez que te relacionas con alguien ya sea ese alguien conocido, desconocido, cercano o íntimo, controlas lo que piensan a cada rato? ¿No, verdad? ¿Entonces, cuál es la diferencia?

Parece que cuando salimos a hablar en público nos convertimos en una especie de diana que puede ser un blanco perfecto para toda clase de críticas, burlas o sentencias. Teniendo en cuenta lo que he mencionado en el párrafo anterior, por qué no pensar que haremos bien la presentación, que al público le gustará o mejor aún, por qué no pensar que somos humanos y que tenemos un margen de error, a fin de cuentas, nuestra existencia no se reduce a complacer a nadie. Estamos aquí para cometer errores, para aprender de ellos y seguir siendo felices.

Cuenta hasta tres, respira hondo y sonríe. ¿Estás listo para enfrentarte al mundo?

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¿Discutir o pelear?

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Si bien es cierto que el lenguaje tiene muchas utilidades, en términos generales se podría decir que es un instrumento por el cual se pretende expresar o comunicar algo. Ese “algo” puede ser una idea, un pensamiento, un sentimiento mientras que las maneras de expresarlo/a pueden ser tanto verbal como escrita.

Las personas somos sociables por naturaleza, algunas más que otras pero lo que todas tenemos en común es que nos genera bienestar el hecho de sociabilizar. Compartir tiempo con los demás: hablar, reír, cantar, bailar, jugar.

compartir
De esta interacción, como es normal, a veces vienen los desacuerdos. Algunos parten de cosas puntuales como pueden ser la hora de quedada, la actividad a realizar, el lugar de encuentro o incluso gustos particulares sobre lo “ideal” de las modas, la apariencia física, aficiones. Otras, sin embargo, tienen un origen más hondo, como puede ser la política, la religión, la educación, sistema de valores, manera de ver la vida…

A veces, como todo en esta vida, este intercambio tan beneficioso acaba siendo una especie de tortura, depende de cómo haya sido la interactuación. Si bien el fin último de una discusión pretende ser el intercambio de opiniones y el enriquecimiento mutuo de las partes, muchas veces se convierten en un campo de batalla, donde lo que de verdad importa es ganar, sin importar el precio.

¿A qué me refiero con esto de ganar? A tener la razón. Si una parte tiene la razón, la otra, en consecuencia, no la tiene. Ni mucho menos. A veces las dos partes tienen razón, porque hablamos de distintas perspectivas. A veces ninguna de las dos, ya que solo son creencias enfundadas pero no corroboradas. Intentar convencer a la otra persona de que nuestra perspectiva es la correcta no justifica bajo ningún concepto menospreciar a la otra parte, humillarla o dejarla en evidencia. Hay que demostrar fehacientemente que lo que uno dice es realmente la verdad.

No se puede pretender tener siempre la razón. No se va a llegar siempre a un acuerdo, pero por eso la otra parte no se convierte en enemiga. Hay que saber aceptar distintas opiniones, pensamientos, ideas, sentimientos y percepciones de la realidad. La estrechez mental, el orgullo, la arrogancia y la necesidad de autorreafirmarse indican solo un posible camino.

La soledad.

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El tribunal te declara…

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Yo debería, tú deberías, él/ella debería, nosotros deberíamos, vosotros/vosotras deberíais, ellos/ellas deberían. El cielo es azul, el sol es amarillo, los bosques verdes. Recibimos una educación tan sumamente estricta en el que todo itespresso.esviene establecido de tal manera que solo cabe una única respuesta correcta para una pregunta.

Pues depende. Los mares oceánicos son verdosos, en otoño los bosques se tiñen de tonos terrosos, el sol es una gran bola de fuego y depende de la hora del día podemos ver el cielo cubierto de tonos rosáceos o incluso anaranjados e inclusive el color cambia frente a un fenómeno llamado aurora boreal.

El problema es que con esta jerarquización vamos disminuyendo la capacidad creativa, la imaginación, capacidad de tener ideas innovadoras. Vamos mutando desde niños hacia una sociedad en el que encajar, donde lo que nos imponen se va mezclando con nuestra verdadera esencia. El problema es que como no encajes en esos estándares, intentan remodelarte para que no “desentones”.

Este proceso de remodelación a veces es tan radical que las personas se ven envueltas en una especie de tormenta en el que no saben izar las banderas y manejar el timón para noagujero en el mar ser engullidos por el mar.

¿Y quién dice como tienes que ser? ¿Quién estableció los parámetros de lo que se considera adecuado y lo que no? ¿Quién dice cuál es el ideal a seguir? ¿Quién estableció la moda de estandarizar a las personas? ¿Quién decidió ponerse una toga, coger un mazo, sentarse en una mesa y andar dictaminando sobre lo que los demás hacen/dicen/piensan/sienten? ¿Quién decidió jugar a ser Dios?

servicio.mercadolibre.com.ar

La vida no espera a nadie. Quien dice que la vida debería ser de una u otra manera es porque nunca se ha mirado adentro así mismo/a. Nunca ha pensado que tal vez no debería cambiar la vida, sino él/ella mismo/a. Siempre habrá algo o alguien que no nos guste, que no nos agrade, con el que no nos sintamos cómodos e incluso que nos produzca rechazo. Pero convivir significa que allí donde empiezan los derechos de unos acaban los de otros y respetar esos límites es básico.

No dejes que nadie te cambie. No dejes que nadie decida por ti. No des poder a los demás para que controlen tu vida. Solo tú eres dueño de tu ser.

El principio del fin

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No existe nada semejante como la sensación de volver a casa. El contexto socio-político de mi país ahora mismo es una incertidumbre en el que muchos que se fueron en busca de una oportunidad aprovechan para volver. Este año yo también coincido con la vuelta a casa a pesar de no haber ido al extranjero.

El año pasado despedí mi año columpiándome en un parque mientras sentía como estaba deambulando por la vida. Todo comenzó mucho tiempo atrás, en algún momento cuando empecé a desear una vida mejor para mí. Un día en el que empecé a soñar con algo mejor.

No sé si tiene que ver con los sueños, con los deseos o con la ilusión, pero parece ser que cuando te propones algo, el mundo gira a tu favor, o al menos así es como ha sido en mi caso. Cuando me propuse salir ahí afuera y probar, tuve el placer de encontrarme con personas muy especiales, de esas que entran en tu interior, te sacuden vorazmente y dejan tu vida patas arriba.

Cabe la posibilidad de que no os hayáis encontrado con personas así, pero en serio, es el mejor regalo que la vida os puede brindar. Personas que reflejan todo vuestro ser, personas con las que os identificáis, personas con las que no solo compartes virtudes, sino también defectos con las que sois capaces de compartirlos y aceptarlos. Personas que os retan y os hacen cuestionaros todo. Personas que os hacen entender que la vida es una historia muy bonita en la que la clave es saber compartir.

Una vez vividas esas experiencias la vida te vuelve a retar para comprobar que realmente has acabado con tus vicios. Vicios mentales, quiero decir. El pasado, el futuro, la culpa, el rencor, el control y una lista interminable de preocupaciones que hemos ido amontonando a lo largo de la vida. Ver como cambiamos nuestra manera de actuar y enfrentar las situaciones de la vida es una vivencia que deja un agradable sabor de boca.

Así es como vuelvo este año a casa, ligera de equipaje y con una gran sonrisa en la boca. Así es como he comenzado el principio del fin.

Feliz navidad.

Paz.

naturaleza isabeldelrio

Imagen: isalbelderio.es