No quiero volver

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Parece que haya decidido estar soltera por siempre. A veces me acerco, a veces me alejo, a veces aparezco para después desaparecer sin dejar rastro. Lo cierto es que intento encontrar un equilibrio entre dar y guardar, ya que el que todo lo da, no se guarda nada para sí y el que no da nada, se pierde la experiencia de compartir.

En un principio, me tomé un tiempo para recomponerme.
No me había dado cuenta de lo rota que estaba.
No me había dado cuenta de cuan oscuro veía el mundo.
No me había dado cuenta del muro que había construido a mi alrededor.
No me había dado cuenta de cuán lejos estaba de donde pretendía estar.

También me tomé un tiempo para descansar.
Me tomé un descanso para dejar de fingir mi fortaleza.
Me tomé un descanso para combatir contra mis miedos y mis fantasmas del pasado.
Me tomé un descanso para aprender a perdonar, para volver a sentir y sonreír.
Me tomé un descanso para conocerme y saber de qué estaba hecha, un descanso para determinar mis sueños, mis objetivos y el proyecto de mi vida.

Guardé un tiempo para reflexionar, para meditar.
Guardé un tiempo para entender que me acababa de pasar.
Un tiempo que me ayudaría a resolver las dudas que tenía acerca de las personas, la vida y el mundo.
Guardé un tiempo para crecer, mejorar y evolucionar.
Un tiempo para crear recuerdos, rememorar y tener la posibilidad de sentir nostalgia.
Guardé un tiempo para echarte de menos.

Aprender a reír a carcajadas, cuidar de alguien y que te cuiden, los pequeños gestos, las palabras sin sonido y los sentimientos secretos. La confianza y el cariño, el amor y el aprecio todo junto fue un precioso momento que lo envolví en papel de oro.

La impuntualidad, las disculpas sin sentimiento, las dudas, los desprecios, la competición, los celos, las inseguridades, la falta de respeto, la confianza rota, el victimismo, la desigualdad y un sin fin de términos forman parte de una realidad que ya fue. Ahora, estando aquí, en medio de este planeta rodando sobre su eje, habitada por millones de personas que crean infinitas realidades distintas, acompañada solamente por mi mera presencia, no soy capaz de volver a ese pasado, no puedo, porque no quiero regresar a él.

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Recuerdo a largo plazo

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En momentos como este, cuando el termómetro apenas marca los cinco grados, cuando se acerca el invierno. Donde por mi ventana veo caer gotas de lluvia, donde oigo el susurro del viento. Cuando me paro a pensar en los vaivenes de la vida me vienen tus recuerdos a la mente. Como olvidar tu sonrisa amplia, tu mirada, ese brillo en los ojos. Como olvidar las carcajadas hasta quedarnos sin aire, tu brazo rodeándome la cintura, tus dulces palabras, nuestros secretos compartidos. Como olvidar tu apoyo, tu consuelo… Como olvidarte. Si es que las personas excepcionales siempre dejan una huella imborrable.
Cuando te conocí fue como meterme en una burbuja en donde el tiempo no corría, a la vez que mis fantasmas se alejaban. En un halo de aire, empecé a sacar lo mejor de mí, de una caja de sorpresas que llevaba guardado años bajo una llave que había dejado en alguna parte donde sabía que no lo encontraría fácilmente, negando mi lado más frágil y dulce.
Desde entonces, mi vida se ha convertido en una prueba de resistencia en el que no veo el final. Supongo que al llevarte todos mis males contigo, encontré en ti ese algo que quería para mí que al parecer aún no he encontrado. No se si algún día lo conseguiré, si en el caso de que lo logre servirá de algo, pero este fanatismo por alcanzarte me está llevando a donde nunca antes había llegado. Tal vez es que intente estar a la altura para la próxima vez que nos veamos, si es que nos volvemos a encontrar.
De hecho, aún no tengo claro lo que pasó. Algunos días pensaba que nos habíamos encontrado en un momento inadecuado y perfecto a la vez, otros días me enfadaba por nuestro final. En un intento por aclarar mis sentimientos trataba de evitar el dolor de tus recuerdos dejándolos en el olvido pero el universo me decía discretamente que eso no era posible, que no debía, lo que hacía que me preguntara si mi pelea interna cesaría o si tal vez me llevaría a algo más grande en el futuro.
Ahora que estás lejos siento que nos hemos acercado a destiempo, cada uno a su ritmo y nos hemos alejado a cumplir nuestros sueños, sin promesas, sin despedidas ni apegos.
Me pregunto dónde quedó ese café pendiente que siempre tuve ganas de invitarte, pero en un arrebato de amor propio, me flagelé. Me pregunto cómo hubiera acabado esa conversación que dejamos a medias.
A veces fantaseo con volver a verte. Me gustaría que fuese como la última vez: frescos, alegres y conectados, como si el tiempo no hubiera pasado. Tantas palabras que quise decirte hoy se ahogan en mi garganta.
Con el paso del tiempo tu mirada, el brillo de tus ojos, tu sonrisa… Se van desvaneciendo poco a poco, hasta convertirse en un recuerdo a largo plazo. Dónde quedó ese instante, ese momento, esas palabras que nunca nos dijimos, esos sentimientos que siempre guardamos, dónde nos quedamos tú y yo.

 

Realidad versus ilusión.

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Cada cual es libre de creerse su propia realidad. De hecho, hay muy pocas personas capaces de ver el mundo tal y como es. La verdad es que…

¿Quién quiere…

ver que la gente lucha por ver como su país destroza otro por hambre de poder y de dinero?

ver cuánta comida se desperdicia en el mundo mientras la mitad de la población pasa hambre?

ver cómo el dinero va comprando almas podridas y mugrientas?

ver cómo la especie humana va demostrando su poder a cambio de quitarle cachito a cachito la vida a este hermoso planeta?

ver cómo la humanidad se va quitando poco a poco la vida lleno de despotismo y la avaricia?

Cuando escribo estas líneas no puedo parar de pensar en aquellos documentales que he visto acerca de la pobreza y el hambre en el tercer mundo, pero la verdad es que también podría escribir sobre situaciones más cercanas, aunque no por ello menos graves:

Aquellas personas que quitan la vida a sus parejas y después se suicidan.

Aquellas personas que se pierden en el alcohol y las drogas.

Aquellas que pierden la cordura y se sumergen por completo en su mundo de fantasía.

Parece que al escribir este texto esté llena de negativismo, pero lo cierto es que no. Es solo que viendo situaciones que me son completamente ajenas, siento tristeza. Tristeza de ver como va evolucionando la humanidad y ver que más que evolucionar, a veces involucionamos. Ver como las leyes protegen a los que más tienen, ver que los que deben dar ejemplo son los menos indicados, como no somos capaces de apreciar lo que tenemos cuando otros darían lo que tuvieran por tenerlo, como damos por hecho que lo más básico que tenemos es insignificante y una larga lista de apreciaciones subjetivas poco acertadas que hacen que nos sumerjamos de lleno en nosotros mismos olvidando lo que pasa ahí alrededor.

¿Cómo es tu realidad?

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Perspectiva

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¿Por qué se arrepiente la gente? Esta es una muy buena pregunta. Yo personalmente me arrepiento de muy pocas cosas que he hecho en mi vida. No es que me crea perfecta o que no haya cometido errores, ni mucho menos. Es solo que creo que le pongo un enfoque diferente.

He visto que la gente se arrepiente de hacer o decir tal cosa porque no han obtenido el resultado que esperaban. Mucha gente tiene miedo a equivocarse. Sinceramente, no hay manera de que consigas las cosas tal y como tú las quieres a la primera a no ser que sea ser el número uno en un área específica y seas un prodigio para eso. Cuando yo no consigo las cosas a la primera no me frustro, me lo tomo con filosofía. Me tomo mi tiempo, pienso o incluso reflexiono sobre la idea. Una vez que lo veo con perspectiva encontrarle una solución es más fácil.

En el ámbito personal, quiero decir, en las relaciones personales todas las personas tienen una máscara puesta. Supongo que por miedo a que la gente los hiera, los traicione o los utilice. Bueno, es difícil acertar con todas las personas. Algunas son encantadoras, pero a medida que transcurre el tiempo la máscara se les cae y ahí es cuando ves como son en realidad. Tampoco hay que lamentarse en haber confiado en esa persona, haber querido a otra o haber valorado a una tercera. Son parte de la experiencia de la vida y a base de conocer gente es como se aprende más.
Unas terceras se arrepienten de lo que hacen o dicen por haber herido a otra tercera persona. Si lo haces con mala intención, ni si quiera te vas a arrepentir, no tendrás una cosa llamada conciencia tocando la puerta de tu cabeza. Pero a veces, cometemos errores más o menos graves sin mala intención y si ese error hace que perdamos a alguien a quien realmente queremos… Ahí sí que duele. Pero culparnos y castigarnos como si no hubiese un mañana tampoco nos va a ayudar, nadie es perfecto. Simplemente solo podemos pedir perdón, esperar que la otra persona nos perdone (porque a veces no se nos perdona) y seguir adelante con nuestra vida.

Yo creo que si debemos arrepentirnos de algo, definitivamente debe ser por haber actuado en contra de nuestros principios, ética o moral que tengamos sobre la vida. Debemos tener claro que es lo que nos gusta y lo que no (intereses, aficiones, proyectos de vida…), que esperamos de la gente y que damos nosotros a cambio (dar a los demás está bien, pero si tenemos una relación en el que no recibimos nada de la otra persona, tal vez habría que reconsiderar esa relación por aquello de la reciprocidad) y las causas o ideas que defendemos o por los que queramos luchar (medioambiente, racismo, violencia de género, pobreza, la corrupción…).

La única manera de tener una personalidad realmente definida es viviendo la vida. Conociendo gente, probando cosas nuevas, informándote… ¡Así que deja el miedo atrás y vive!

Todo es cuestión de perspectiva.

 

perspectiva

(Imagen del blog  http://booksmusicandmovies.wordpress.com, gracias por dejar compartirla).

 

 

SUFRIMIENTO

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Hace unos meses estaba esperando en la parada del autobús para volver a casa. Estaba inmersa en mis pensamientos pese al tráfico y a las demás personas que esperaban al igual que yo. Pero algo interrumpió mi flujo de ideas. Una persona se había sentado a mi lado. No me paré a fijarme en quien era, ni en su aspecto ni nada. Me volví a adentrar en mi mundo. Pero algo volvió a interrumpirlo.

Solo pude vislumbrar un escupitajo que iba en la dirección en donde yo estaba sentada. Acto seguido, oí una exclamación de sorpresa a mi derecha que fue imitada por la persona que tenía a mi izquierda, que finalizó con una simple palabra: “¡Mala!”

No me dio tiempo a reaccionar, porque instantes después llegó el autobús y me subí. Empujada por mi curiosidad, me senté al lado derecho del vehículo para poder ver con detenimiento a aquella persona que se había sentado a mi izquierda. Mujer de unos cuarenta años, desarreglada, desaliñada y harapienta con una lata de cerveza en la mano. Pese a lo extraño de la situación, no pude ponerle adjetivos, no pude emitir un juicio, mi cerebro solo fue capaz de percibir el aura de ira que desprendía. Un aura de dolor, un aura de sufrimiento, un aura de odio y mientras el autobús emprendía su trayecto, solo pude sentir lástima y compasión.

Ese es solo uno de tantos ejemplos de sufrimiento que hay en el mundo, sin irnos muy lejos. Existe sufrimiento en todo el mundo. Guerras, hambruna, enfermedades… no quiero entrar en tópicos, aunque ese sea el mayor. También existen cosas buenas en el mundo como el amor, la paz y la compasión, pero a veces parece que preferimos aferrarnos a lo malo, como si eso nos hiciera más sabios, más profundos o más buenos. Nada que ver.

Existen cosas malas y me gusta pensar que existen por varias razones:

La primera, es para no volver a cometer los mismos errores una y otra vez (parece irónico, ya que aún después de miles de años de “evolución” seguimos teniendo los mismos problemas: el hambre, la pobreza, la guerra…).

La segunda es para que aprendamos de ellos (otra ironía ya que la corrupción, el tráfico de humanos, así como la vulnerabilidad de los derechos humanos hoy en día se sigue practicando).

La tercera es para poder apreciar lo bueno. Quiero decir, sin la tristeza no se puede apreciar la alegría, sin el desamor no se puede apreciar el amor y sin dolor no se puede apreciar la paz.

Se nos ha concedido la vida para algo. Se nos ha concedido la vida para aprender. Para tropezar, caer y volver a levantarnos. ¿Qué es la vida sino?

rosa

TRISTEZA

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¿Alguna vez os habéis visto comiendo helado mientras veíais la televisión? ¿Alguna vez habéis sentido nostalgia, melancolía o desgana? ¿Alguna vez os habéis sentido apesadumbrados pese a que no hubiera ninguna causa latente? Hoy hablaremos de ese sentimiento que nos causa desánimo, disgusto, pena, dolor, en definitiva, hoy hablaremos de la tristeza.

Muchas personas no quieren sentir tristeza. De cierta manera es comprensible, porque es un estado de ánimo que no ayuda nada en nuestra sociedad agitada y dinámica en el que uno no puede permitirse el lujo de tomarse el tiempo necesario para descansar, despejarse y retomar de nuevo las actividades cotidianas a su antojo. Pero a veces es necesario sentir tristeza. Cualquier sentimiento que sentimos es válido y deberíamos respetarlo, siempre que no implique un desequilibrio emocional o nos agite más de lo necesario, tal y como lo he explicado en los dos casos anteriores.

Cuando alguien se va de nuestras vidas, nos abandona o simplemente se aleja de nosotros, cuando vemos una película triste, cuando tenemos un accidente que nos deja secuelas es normal que sintamos tristeza. Solemos tener un sentimiento de desgana, un descenso de energía y ganas de estar solos. Muchas veces se debe a que esa importante pérdida supone un gran cambio en nuestras vidas y necesitamos tiempo para pensar en ello, para ver las cosas de otra manera o darle otra perspectiva a nuestra vida o nuestra existencia, conseguir herramientas o recursos para seguir adelante. Después de tomarnos nuestro tiempo para reposar, volvemos a nuestra vida con las pilas cargadas.

Pero esto no siempre es así. A veces ese sentimiento de tristeza nos inunda, nos ofusca la mirada, nos produce una completa apatía y una devastadora desolación. Nos rechazamos a nosotros mismos, el amor por nosotros mismos se colma de sentimientos de culpa, de rechazo, de un exasperante desasosiego que es tan doloroso como el dolor físico. Nos encerramos en nosotros mismos intentando sentirnos mejor, intentando paliar ese dolor tan intenso que disminuye la sensibilidad en nuestros cinco sentidos y hace que la vida carezca de sentido, de disfrute y de goce, colmándola de toda una gama de tristes grises en un ánimo de desaliento. En suma, hemos convertido nuestra tristeza en depresión.

Para que no lleguemos a este extremo, lo mejor es paliar la tristeza. Existen un montón de métodos y todos son válidos, siempre que nos ayuden. Algunos intentan mejorar el estado de ánimo de una forma natural, partiendo de nuestras capacidades internas, acudiendo a las sustancias que segrega nuestro cerebro realizando ejercicio físico o llorando. Otras personas acuden a recursos exteriores con el fin de acabar con la tristeza, como puede ser ir de compras o consumiendo drogas. En mi opinión ir de compras o consumir drogas solo puede ayudarte a corto plazo, ya que el efecto de ambos no es duradero. Aunque tengas más artículos de consumo, eso no va a solucionar el problema que tienes, y el estado eufórico de las drogas también es limitado, puesto que cuando se acaba su efecto, la tristeza incluso se puede acentuar, el sentimiento de vacío puede llegar a ser mayor. Por último algunas personas intentan acabar con su tristeza acudiendo al exterior, partiendo de un interior. Rezan o ayudan a los demás. Cuando rezan buscan alguna respuesta, alguna solución a sus problemas y cuando ayudan a los demás se sienten útiles, valiosos, y también pueden conseguir ver que hay gente que vive peor que ellos o que tiene mayores problemas que ellos y aún así son capaces de seguir adelante y eso les da ánimos. Otras personas acuden a la reflexión, con el fin de usar todos sus recursos interiores para encontrar una solución, un enfoque distinto, algún sentido a la vida o a la pérdida de un ser querido, incluso la aceptación.

tristeza

“La tristeza es tan solo un túnel que nos lleva hacia la luz.” I.L.