INOCENCIA

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Inocencia. Dícese de ese carácter o rasgo que caracteriza a un ser por el que existe falta de malicia, mala intención o picardía.

La primera vez que me enamoré de este rasgo fue cuando me crucé con dos galaxias abiertas a mí de par en par, un mundo abierto ante mí, una mirada pura, cándida, cristalina. Una mirada sin prejuicios, filtros ni sentencias. Fue un encuentro casual en plena calle. Un ángel se paró ante mí. Me miró a los ojos y me ofreció lo que en aquel momento debió de ser su juguete favorito. Desde entonces me he cruzado un número limitado de veces con otros ángeles de cabello dorado y ojos del color del cielo. En cada ocasión he sentido como un momento se volvía eterno.  Un cruce de miradas, una lectura del alma, una sonrisa abierta. Una conversación sin palabras, un diálogo mudo, todo reducido al lenguaje universal. Una maravilla.

Cuando te encuentras con una mirada que irradia luz, energía, alegría con ese brillo que te cala y te contagia haciéndote sonreír como cuando eras niño, cuando no tiene barreras para conectarse contigo, ese momento se vuelve casi mágico. Las emociones se contagian. Las palabras hieren o reconfortan, un abrazo cura males pero sin embargo, lo que realmente cura un alma rota es la risa.

El placer de reír a carcajada limpia. Llorar de risa. No sentir vergüenza. No preocuparse por lo que pensarán de ti los demás. Jugar, experimentar con la comida.  Gozar de cada uno de los sentidos. Tumbarse en la hierba en el atardecer y respirar despacio.  Saltar en los charcos de agua, empaparse bajo la lluvia. No preocuparse por el paso del tiempo y disfrutar de cada momento. Vivir la vida desde la perspectiva de un niño.

Definitivamente, la inocencia es un don que no deberíamos perder nunca, disfrútala.

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El tribunal te declara…

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Yo debería, tú deberías, él/ella debería, nosotros deberíamos, vosotros/vosotras deberíais, ellos/ellas deberían. El cielo es azul, el sol es amarillo, los bosques verdes. Recibimos una educación tan sumamente estricta en el que todo itespresso.esviene establecido de tal manera que solo cabe una única respuesta correcta para una pregunta.

Pues depende. Los mares oceánicos son verdosos, en otoño los bosques se tiñen de tonos terrosos, el sol es una gran bola de fuego y depende de la hora del día podemos ver el cielo cubierto de tonos rosáceos o incluso anaranjados e inclusive el color cambia frente a un fenómeno llamado aurora boreal.

El problema es que con esta jerarquización vamos disminuyendo la capacidad creativa, la imaginación, capacidad de tener ideas innovadoras. Vamos mutando desde niños hacia una sociedad en el que encajar, donde lo que nos imponen se va mezclando con nuestra verdadera esencia. El problema es que como no encajes en esos estándares, intentan remodelarte para que no “desentones”.

Este proceso de remodelación a veces es tan radical que las personas se ven envueltas en una especie de tormenta en el que no saben izar las banderas y manejar el timón para noagujero en el mar ser engullidos por el mar.

¿Y quién dice como tienes que ser? ¿Quién estableció los parámetros de lo que se considera adecuado y lo que no? ¿Quién dice cuál es el ideal a seguir? ¿Quién estableció la moda de estandarizar a las personas? ¿Quién decidió ponerse una toga, coger un mazo, sentarse en una mesa y andar dictaminando sobre lo que los demás hacen/dicen/piensan/sienten? ¿Quién decidió jugar a ser Dios?

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La vida no espera a nadie. Quien dice que la vida debería ser de una u otra manera es porque nunca se ha mirado adentro así mismo/a. Nunca ha pensado que tal vez no debería cambiar la vida, sino él/ella mismo/a. Siempre habrá algo o alguien que no nos guste, que no nos agrade, con el que no nos sintamos cómodos e incluso que nos produzca rechazo. Pero convivir significa que allí donde empiezan los derechos de unos acaban los de otros y respetar esos límites es básico.

No dejes que nadie te cambie. No dejes que nadie decida por ti. No des poder a los demás para que controlen tu vida. Solo tú eres dueño de tu ser.