El principio del fin

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No existe nada semejante como la sensación de volver a casa. El contexto socio-político de mi país ahora mismo es una incertidumbre en el que muchos que se fueron en busca de una oportunidad aprovechan para volver. Este año yo también coincido con la vuelta a casa a pesar de no haber ido al extranjero.

El año pasado despedí mi año columpiándome en un parque mientras sentía como estaba deambulando por la vida. Todo comenzó mucho tiempo atrás, en algún momento cuando empecé a desear una vida mejor para mí. Un día en el que empecé a soñar con algo mejor.

No sé si tiene que ver con los sueños, con los deseos o con la ilusión, pero parece ser que cuando te propones algo, el mundo gira a tu favor, o al menos así es como ha sido en mi caso. Cuando me propuse salir ahí afuera y probar, tuve el placer de encontrarme con personas muy especiales, de esas que entran en tu interior, te sacuden vorazmente y dejan tu vida patas arriba.

Cabe la posibilidad de que no os hayáis encontrado con personas así, pero en serio, es el mejor regalo que la vida os puede brindar. Personas que reflejan todo vuestro ser, personas con las que os identificáis, personas con las que no solo compartes virtudes, sino también defectos con las que sois capaces de compartirlos y aceptarlos. Personas que os retan y os hacen cuestionaros todo. Personas que os hacen entender que la vida es una historia muy bonita en la que la clave es saber compartir.

Una vez vividas esas experiencias la vida te vuelve a retar para comprobar que realmente has acabado con tus vicios. Vicios mentales, quiero decir. El pasado, el futuro, la culpa, el rencor, el control y una lista interminable de preocupaciones que hemos ido amontonando a lo largo de la vida. Ver como cambiamos nuestra manera de actuar y enfrentar las situaciones de la vida es una vivencia que deja un agradable sabor de boca.

Así es como vuelvo este año a casa, ligera de equipaje y con una gran sonrisa en la boca. Así es como he comenzado el principio del fin.

Feliz navidad.

Paz.

naturaleza isabeldelrio

Imagen: isalbelderio.es

Aniversario

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Hoy estoy de celebración. Llevo escribiendo en este blog 2 cortísimos años. El año pasado estaba celebrando una nominación y este año he de decir que la que os va a dar una sorpresa seré yo.

Sinceramente, no sé por dónde empezar. Han cambiado tantas cosas desde entonces… Ha sido una gran aventura. Estos dos años he estado fuera de mi zona de confort, explorando mis posibilidades y mis límites a la vez. No es que haya cambiado la manera en la que me veo, sino que también la manera en que veo a los demás.

Ahora estoy volviendo a mi zona de confort y me siento extraña. A pesar de que yo me veo de una manera distinta, hay personas que siguen tratándome igual, para bien o para mal. No es que intente cambiar la relación que tengo con los demás de una manera radical, pero parece ser que pese a mis intentos no ven o no quieren ver que lo que fue, ha sido y no volverá a ser.

Es cierto que empecé a cambiar porque de haber seguido así, ahora mismo no sé qué sería de mí. Esta vida es una lucha constante. Luchas para sobrevivir a todos los niveles (psicológico-emocional, económico-financiero…), porque cuando dejas de luchar, pierdes. Es verdad que a veces levantarse y darlo todo cuesta mucho, pero cuando no te queda esperanza, ilusión o sueños que cumplir, ni si quiera te apetece intentarlo. Nadie debería tener la fuerza para hundirte…Pero ¿qué pasa si nadie te enseñó a creer en ti? ¿Qué pasa si por ejemplo, nadie está ahí para ayudarte, para apoyarte o sacarte una sonrisa cuando más lo necesitas? ¿Cómo puede ser que te estén poniendo la zancadilla todo el rato?

La oscuridad empieza por uno mismo. Miedos, inseguridades, desprecios que con el paso de los años hay que aprender a superar. Pero las cosas no se aprenden solas. Todas las personas deberían tener alguien que los ayudara a salir en busca de los rayos del sol, en vez de empujarlos hacia un pozo sin fondo. La mayoría de las cosas, por desgracia, las he aprendido a malas, una tras otra. Afortunadamente, he tenido la oportunidad de aprender cosas a buenas. Así como puedes (y debes) olvidar las malas, las buenas perduran en nosotros mismos, ya que recurrir a emociones positivas siempre nos puede dar un halo de aire.

En el mundo virtual estoy en comunicación con personas que al igual que yo comparten el amor por la belleza, el arte y lo estético. Hace poco me ofrecí para un proyecto lírico organizado por el blog la poesía no muerde. Más concretamente ofrecí mi voz para interpretar poemas.

Aquí os dejo un par de links para que podáis oírlos.

Letras que se mueven

Ansiedad

Gracias a todas las personas que me seguís, me dais likes, comentáis o que visitáis mi blog. Está siendo una magnífica experiencia.

 

Recuerdo a largo plazo

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En momentos como este, cuando el termómetro apenas marca los cinco grados, cuando se acerca el invierno. Donde por mi ventana veo caer gotas de lluvia, donde oigo el susurro del viento. Cuando me paro a pensar en los vaivenes de la vida me vienen tus recuerdos a la mente. Como olvidar tu sonrisa amplia, tu mirada, ese brillo en los ojos. Como olvidar las carcajadas hasta quedarnos sin aire, tu brazo rodeándome la cintura, tus dulces palabras, nuestros secretos compartidos. Como olvidar tu apoyo, tu consuelo… Como olvidarte. Si es que las personas excepcionales siempre dejan una huella imborrable.
Cuando te conocí fue como meterme en una burbuja en donde el tiempo no corría, a la vez que mis fantasmas se alejaban. En un halo de aire, empecé a sacar lo mejor de mí, de una caja de sorpresas que llevaba guardado años bajo una llave que había dejado en alguna parte donde sabía que no lo encontraría fácilmente, negando mi lado más frágil y dulce.
Desde entonces, mi vida se ha convertido en una prueba de resistencia en el que no veo el final. Supongo que al llevarte todos mis males contigo, encontré en ti ese algo que quería para mí que al parecer aún no he encontrado. No se si algún día lo conseguiré, si en el caso de que lo logre servirá de algo, pero este fanatismo por alcanzarte me está llevando a donde nunca antes había llegado. Tal vez es que intente estar a la altura para la próxima vez que nos veamos, si es que nos volvemos a encontrar.
De hecho, aún no tengo claro lo que pasó. Algunos días pensaba que nos habíamos encontrado en un momento inadecuado y perfecto a la vez, otros días me enfadaba por nuestro final. En un intento por aclarar mis sentimientos trataba de evitar el dolor de tus recuerdos dejándolos en el olvido pero el universo me decía discretamente que eso no era posible, que no debía, lo que hacía que me preguntara si mi pelea interna cesaría o si tal vez me llevaría a algo más grande en el futuro.
Ahora que estás lejos siento que nos hemos acercado a destiempo, cada uno a su ritmo y nos hemos alejado a cumplir nuestros sueños, sin promesas, sin despedidas ni apegos.
Me pregunto dónde quedó ese café pendiente que siempre tuve ganas de invitarte, pero en un arrebato de amor propio, me flagelé. Me pregunto cómo hubiera acabado esa conversación que dejamos a medias.
A veces fantaseo con volver a verte. Me gustaría que fuese como la última vez: frescos, alegres y conectados, como si el tiempo no hubiera pasado. Tantas palabras que quise decirte hoy se ahogan en mi garganta.
Con el paso del tiempo tu mirada, el brillo de tus ojos, tu sonrisa… Se van desvaneciendo poco a poco, hasta convertirse en un recuerdo a largo plazo. Dónde quedó ese instante, ese momento, esas palabras que nunca nos dijimos, esos sentimientos que siempre guardamos, dónde nos quedamos tú y yo.