No quiero volver

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Parece que haya decidido estar soltera por siempre. A veces me acerco, a veces me alejo, a veces aparezco para después desaparecer sin dejar rastro. Lo cierto es que intento encontrar un equilibrio entre dar y guardar, ya que el que todo lo da, no se guarda nada para sí y el que no da nada, se pierde la experiencia de compartir.

En un principio, me tomé un tiempo para recomponerme.
No me había dado cuenta de lo rota que estaba.
No me había dado cuenta de cuan oscuro veía el mundo.
No me había dado cuenta del muro que había construido a mi alrededor.
No me había dado cuenta de cuán lejos estaba de donde pretendía estar.

También me tomé un tiempo para descansar.
Me tomé un descanso para dejar de fingir mi fortaleza.
Me tomé un descanso para combatir contra mis miedos y mis fantasmas del pasado.
Me tomé un descanso para aprender a perdonar, para volver a sentir y sonreír.
Me tomé un descanso para conocerme y saber de qué estaba hecha, un descanso para determinar mis sueños, mis objetivos y el proyecto de mi vida.

Guardé un tiempo para reflexionar, para meditar.
Guardé un tiempo para entender que me acababa de pasar.
Un tiempo que me ayudaría a resolver las dudas que tenía acerca de las personas, la vida y el mundo.
Guardé un tiempo para crecer, mejorar y evolucionar.
Un tiempo para crear recuerdos, rememorar y tener la posibilidad de sentir nostalgia.
Guardé un tiempo para echarte de menos.

Aprender a reír a carcajadas, cuidar de alguien y que te cuiden, los pequeños gestos, las palabras sin sonido y los sentimientos secretos. La confianza y el cariño, el amor y el aprecio todo junto fue un precioso momento que lo envolví en papel de oro.

La impuntualidad, las disculpas sin sentimiento, las dudas, los desprecios, la competición, los celos, las inseguridades, la falta de respeto, la confianza rota, el victimismo, la desigualdad y un sin fin de términos forman parte de una realidad que ya fue. Ahora, estando aquí, en medio de este planeta rodando sobre su eje, habitada por millones de personas que crean infinitas realidades distintas, acompañada solamente por mi mera presencia, no soy capaz de volver a ese pasado, no puedo, porque no quiero regresar a él.

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El cielo o el infierno

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Los extremos nunca son buenos. Ni para la religión, ni para los deportes, ni para la música, ni para la política y menos aún para la vida. Me refiero exactamente a la manera de ver las cosas. O todo es blanco o todo es negro. Una manera de ver el mundo tan radical nos puede llevar al caos absoluto.

Hoy en día, de hecho, el mundo está envuelto en un caos. Al menos, por el lado negativo. Las guerras, los asesinatos de los yihadistas, las dictaduras… Todos creen saber la verdad absoluta de la vida y todos creen ser los salvadores del planeta. No en vano, si lo miramos con cierta lejanía o con cierta perspectiva, no veremos más que destrucción, violencia, crímenes o desamparo.

Lo peor de todo es que esas atrocidades se cometen porque se defiende una idea, un pensamiento, un sentimiento o un valor. La deshumanización no se puede justificar con ninguna causa. Siempre que pasa esto, nunca se piensa en las consecuencias que pueda causar. El fin justifica los medios. No podría estar más desacuerdo.

Si ya de por si las catástrofes naturales ya causan suficientes devastaciones, a esas personas no les es suficiente. Siempre quieren más (no estoy hablando de su ambición, si no de la propia destrucción). Lo mejor de todo es que encima son manipuladores natos. Ellos defienden sus ideales pero los que van a primera línea de combate, los que se ofrecen a perder su vida etcétera no son ellos, usan a los demás. Es algo que no he entendido nunca. ¿Por qué he de sacrificar mi vida para que por ejemplo, dos personas tengan que enfrentarse entre ellos para gobernar un país? No, no me vale la excusa de que una guerra requiere estrategia y para eso se necesita inteligencia. Si tanto empeño tienen en hacerse con el poder pues que se peleen entre ellos hasta la muerte y dejen al resto vivir su vida en paz.

No podría dejar de lado el caso de la religión. Bueno, algunas religiones más bien. No se por cual razón se ha utilizado como un arma de doble filo. Digo de doble filo, porque por un lado se envía un mensaje de paz y amor a los seguidores pero después a determinados grupos o a los no seguidores se los trata de una manera inhumana. O peor aún, los que más poder tienen del grupo no son fieles ni a la idea que ellos pretenden defender.

Visto tantos y tantos ejemplos de ideas radicales, no me extraña que haya personas que también vean el mundo así. Quiero decir, que por pertenecer a un colectivo en concreto se sientan seres superiores a otros o de una manera más extremista aún, que salvo ellos el resto del mundo sea (cualquier adjetivo o etiqueta que se os pueda ocurrir).

Para acabar quiero mencionar que todos tenemos un lado malo y uno bueno. Cada uno de nosotros decide con que parte se quiere quedar o de qué manera actuar. Digo que todos tenemos dos partes porque así como existen personas humildes, buenas o serviciales, también existen personas egoístas, narcisistas o malas, pero eso es porque cada uno de ellos ha decidido ser así.

Antes de ponernos a juzgar si las personas son buenas o malas, si la vida es amable o cruel, antes de decidir si algo ha de ser blanco o negro, pongámonos a pensar que todas las cosas tienen su lado claro y su lado oscuro. Cada uno decidimos hacer de nuestra existencia el cielo, el infierno o el limbo.

Recuerdo a largo plazo

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En momentos como este, cuando el termómetro apenas marca los cinco grados, cuando se acerca el invierno. Donde por mi ventana veo caer gotas de lluvia, donde oigo el susurro del viento. Cuando me paro a pensar en los vaivenes de la vida me vienen tus recuerdos a la mente. Como olvidar tu sonrisa amplia, tu mirada, ese brillo en los ojos. Como olvidar las carcajadas hasta quedarnos sin aire, tu brazo rodeándome la cintura, tus dulces palabras, nuestros secretos compartidos. Como olvidar tu apoyo, tu consuelo… Como olvidarte. Si es que las personas excepcionales siempre dejan una huella imborrable.
Cuando te conocí fue como meterme en una burbuja en donde el tiempo no corría, a la vez que mis fantasmas se alejaban. En un halo de aire, empecé a sacar lo mejor de mí, de una caja de sorpresas que llevaba guardado años bajo una llave que había dejado en alguna parte donde sabía que no lo encontraría fácilmente, negando mi lado más frágil y dulce.
Desde entonces, mi vida se ha convertido en una prueba de resistencia en el que no veo el final. Supongo que al llevarte todos mis males contigo, encontré en ti ese algo que quería para mí que al parecer aún no he encontrado. No se si algún día lo conseguiré, si en el caso de que lo logre servirá de algo, pero este fanatismo por alcanzarte me está llevando a donde nunca antes había llegado. Tal vez es que intente estar a la altura para la próxima vez que nos veamos, si es que nos volvemos a encontrar.
De hecho, aún no tengo claro lo que pasó. Algunos días pensaba que nos habíamos encontrado en un momento inadecuado y perfecto a la vez, otros días me enfadaba por nuestro final. En un intento por aclarar mis sentimientos trataba de evitar el dolor de tus recuerdos dejándolos en el olvido pero el universo me decía discretamente que eso no era posible, que no debía, lo que hacía que me preguntara si mi pelea interna cesaría o si tal vez me llevaría a algo más grande en el futuro.
Ahora que estás lejos siento que nos hemos acercado a destiempo, cada uno a su ritmo y nos hemos alejado a cumplir nuestros sueños, sin promesas, sin despedidas ni apegos.
Me pregunto dónde quedó ese café pendiente que siempre tuve ganas de invitarte, pero en un arrebato de amor propio, me flagelé. Me pregunto cómo hubiera acabado esa conversación que dejamos a medias.
A veces fantaseo con volver a verte. Me gustaría que fuese como la última vez: frescos, alegres y conectados, como si el tiempo no hubiera pasado. Tantas palabras que quise decirte hoy se ahogan en mi garganta.
Con el paso del tiempo tu mirada, el brillo de tus ojos, tu sonrisa… Se van desvaneciendo poco a poco, hasta convertirse en un recuerdo a largo plazo. Dónde quedó ese instante, ese momento, esas palabras que nunca nos dijimos, esos sentimientos que siempre guardamos, dónde nos quedamos tú y yo.

 

SUFRIMIENTO

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Hace unos meses estaba esperando en la parada del autobús para volver a casa. Estaba inmersa en mis pensamientos pese al tráfico y a las demás personas que esperaban al igual que yo. Pero algo interrumpió mi flujo de ideas. Una persona se había sentado a mi lado. No me paré a fijarme en quien era, ni en su aspecto ni nada. Me volví a adentrar en mi mundo. Pero algo volvió a interrumpirlo.

Solo pude vislumbrar un escupitajo que iba en la dirección en donde yo estaba sentada. Acto seguido, oí una exclamación de sorpresa a mi derecha que fue imitada por la persona que tenía a mi izquierda, que finalizó con una simple palabra: “¡Mala!”

No me dio tiempo a reaccionar, porque instantes después llegó el autobús y me subí. Empujada por mi curiosidad, me senté al lado derecho del vehículo para poder ver con detenimiento a aquella persona que se había sentado a mi izquierda. Mujer de unos cuarenta años, desarreglada, desaliñada y harapienta con una lata de cerveza en la mano. Pese a lo extraño de la situación, no pude ponerle adjetivos, no pude emitir un juicio, mi cerebro solo fue capaz de percibir el aura de ira que desprendía. Un aura de dolor, un aura de sufrimiento, un aura de odio y mientras el autobús emprendía su trayecto, solo pude sentir lástima y compasión.

Ese es solo uno de tantos ejemplos de sufrimiento que hay en el mundo, sin irnos muy lejos. Existe sufrimiento en todo el mundo. Guerras, hambruna, enfermedades… no quiero entrar en tópicos, aunque ese sea el mayor. También existen cosas buenas en el mundo como el amor, la paz y la compasión, pero a veces parece que preferimos aferrarnos a lo malo, como si eso nos hiciera más sabios, más profundos o más buenos. Nada que ver.

Existen cosas malas y me gusta pensar que existen por varias razones:

La primera, es para no volver a cometer los mismos errores una y otra vez (parece irónico, ya que aún después de miles de años de “evolución” seguimos teniendo los mismos problemas: el hambre, la pobreza, la guerra…).

La segunda es para que aprendamos de ellos (otra ironía ya que la corrupción, el tráfico de humanos, así como la vulnerabilidad de los derechos humanos hoy en día se sigue practicando).

La tercera es para poder apreciar lo bueno. Quiero decir, sin la tristeza no se puede apreciar la alegría, sin el desamor no se puede apreciar el amor y sin dolor no se puede apreciar la paz.

Se nos ha concedido la vida para algo. Se nos ha concedido la vida para aprender. Para tropezar, caer y volver a levantarnos. ¿Qué es la vida sino?

rosa

PAREJA, ¿SÍ O NO?

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¿Qué hacer cuando tener pareja supone un problema? No hablo de los problemas sobre los que he hablado en la categoría de LA PAREJA, hablo de otra clase de problemas. Parece o al menos la sociedad nos hace creer (y esto último no me lo acabo de inventar, sino fijaos en las letras de las canciones románticas o más bien deberíamos llamarlas dramáticas porque no paran de decir cosas como “sin ti no soy nada”, “sin ti no puedo vivir” y un largo etcétera o en las películas dramáticas como Romeo y Julieta o Crepúsculo, en el que nos dicen que no merece la pena vivir si perdemos a nuestro ser amado o en el que incluso, en el último caso, una mujer se transforma de humana a vampiro con tal de permanecer para siempre con su amor) que nuestro sentido existencial trata de estar con alguien.

Como si fuese eso lo único para lo que hemos nacido. Vale, sí, nuestro último fin es la de la supervivencia de la especie, pero teniendo en cuenta que ya hay una superpoblación de humanos en la tierra, tal vez habría que cambiar un poco el chip. No digo que no haya que tener pareja o que no haya que crear una familia, sino que no debemos centrar nuestra vida en otra persona. Imagínate que mientras estás viviendo tu vida aparece una princesa o un príncipe (por idealizarlo). Lo conoces, te gusta, te enamoras y casi por arte de magia, él / ella se convierte en el centro de tu vida, se convierte en tu sueño, en tu deseo, en tu pensamiento y en tu ideal, se convierte en tu vida. Dejas de pensar que hacer con tu vida, que quieres llegar a ser, de que te gustaría trabajar, cuales son tus sueños y tus aspiraciones. En el peor de los casos llegas a estar disponible para esa persona incluso los 365 días del año las 24 horas del día y sólo te importa estar con esa persona, como si el resto del mundo se desvaneciera.

Eso, querido lector, no es amor, es dependencia emocional. Si estar con una persona te impide ser tú mismo/a, estate soltero/a hasta conseguir alcanzar tus expectativas o hasta conseguir poder ser tú mismo estés o no estés con alguien. Si no tienes pareja durante mucho tiempo, no cedas a las presiones o no intentes cumplir con las miras de los demás, sólo tú puedes hacerte feliz. Puede ser que te encuentres también con personas emocionalmente dependientes que quieran que tu vida gire en torno a ellos/as y siga la cadena que he descrito anteriormente, pero eso sigue sin ser amor. En el mejor de los casos, te puedes encontrar con un príncipe o una princesa de verdad que te ayude a ser lo mejor que puedes llegar a ser y que sea capaz de entender perfectamente, que a veces, para hacer feliz a alguien tienes que dejarlo/a ir.

dependencia emocional

“La felicidad no llega con la pareja, llega con el amor”. I.L.